• octubre 28, 2020 2:58 am

(Crítica) “Explota, explota”: El musical que nos merecíamos.

El musical dirigido por Nacho Álvarez, se ganó el revuelo de los medios de comunicación en la previa a su estreno en la gran pantalla. La película, ambientada en los años 70, y conducida a través de la obra de Raffaella Carrá, levantó mi curiosidad, ansiosa de ver triunfar un musical en español.

El principio, puede llegar a parecer típico y tópico, y no te culpo, pues todos los sentados en el patio de butacas se nos pasó por la cabeza. Chico y chica, guapísimos, se chocan, papeles por el suelo incluidos y el flechazo se produce. Una serie de casualidades tienen lugar para dar rienda suelta al sobrexplotado “sueño americano”. Es en ese momento donde se produce la magia de la película, demostrando que el camino no es fácil para llegar a triunfar en la televisión de los años 70.

¿Qué puede impedirte llegar al éxito en esta época en TVE? Pues muy fácil, ser mujer y los años finales de la dictadura franquista española. La película, se arma de valentía para convertir su mensaje en denuncia. A muchos ciudadanos de bien de nuestro país, se les ha olvidado el pasado más reciente de nuestra civilización, y recordatorios como este nunca sobran. El género femenino, viviendo entre las rejas de una cárcel llamada censura, tenían que armarse constantemente de valentía para llegar a calar en las casas de los espectadores. El final, no quiero destriparlo, pero lo denominaría una victoria del feminismo. Me quedo con la frase del personaje interpretado por Ingrid García Johnsson:

 

Las mujeres somos mucho más que dos piernas y un escote.

La película, tiene momentazos muy divertidos, sabiéndolos espolvorear en su justa medida, por el contrario de muchas compañeras de género. Si hablo de risa, tengo que hablar de Amparo (Verónica Echegui), un auténtico huracán de positivismo y sentimiento.

El vestuario es simplemente magnífico. Con la base de las ropas de los 70, los colores atrapan al espectador en la vorágine del universo “Explota, explota”.

En un segundo plano, y de forma muy discreta, supone una magnífica guía por el Madrid de la época, sabiendo explotar las calles de la capital. Una guía turística ideal, mostrando a la ciudad que acoge a todo el mundo, con sus historias y sus mayores aspiraciones.

Las chicas de la película, como he destacado anteriormente con Echegui, son el principal sustento de la trama. García Jonhsson mostrando una vez más su enorme versatilidad, comiéndose la pantalla como nadie. Aunque en un plano secundario, Natalia Milán, interpretando a Rosa, tiene una alta dosis de elegancia. Es la diva que merece un musical de este calibre.

En cuanto al ámbito musical, la obra de Carrá, luce como en algún momento lograron los americanos con Mamma Mia y ABBA, acercándola a los más jóvenes y convirtiéndose en inmortal. Las puestas en escena, perfectamente orquestadas no tienen nada que envidiar a otros musicales, explotando hasta el más mínimo rincón del paisaje con coreografías imposibles.

Aunque, la película me ha fascinado, tengo que sacarle más de una pega.

En primer lugar, los actores masculinos, más concretamente Fernando Guallar, siendo similar a un Playmobil. Muy poco expresivo para surfear en una ola de positivismo y música enérgica.

Por último, aunque ya comentado por mi compañera en esta página, otro fallo es la banda sonora puesta por Ana Guerra. No es la mejor vendedora de la película con esta versión de “En el amor todo es empezar” ni de lejos, intentando modernizarla fallidamente y siendo excesivamente sosa. Una bajada de calidad abismal. Era tan sencillo como poner la versión original.

¿Mi conclusión? Si eres un amante del musical, este es un imprescindible.

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