• julio 3, 2022 4:18 pm

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

Nil Moliner derrocha luz en su primera noche en el Wizink Center

Concierto de Nil Moliner en el Wiznk Center

Con las luces apagadas y la pista del estadio donde se cumplen los sueños a rebosar, se tiende a idealizar al artista que se sube sobre las tablas del escenario. Muchos se crecen y se convierten en estrellas inalcanzables. Otros, como fue el caso de Nil Moliner en su primer Wizink Center, van con la verdad por delante, dando una auténtica lección de humildad.

El músico catalán comenzó su noche haciendo un repaso por la historia del Nil que soñaba con convertir la música en su sustento. Con la emoción instalada, apostó por subir al oyente a un ascensor con destino el cielo. ¿Cuál fue la banda sonora del inicio del viaje? Un brillante acierto titulado «El Despertar».

El artista recibió a los espectadores en su hogar, construido en las mismísimas nubes. «Se me va», «Me quedo» y «Mi religión», fueron el sonriente oleaje que prometía una noche de ensueño.
El mar, aunque cambie constantemente el ritmo de sus olas, nunca deja de ser bello. El cantante hizo realidad esta metáfora, estrujando un poquito el corazón de los presentes con «El aire que me mata» y «Olvidaremos».

Poco después, con la guitarra como único escudo, el artista se puso frente al público para reivindicar la paz mundial con su canción «Tal Vez».
Tras incrementar las pulsaciones con «Hijos de la tierra», Moliner se volvió a plantar delante del público, para calar hondo con su alma poeta. Sin micrófono y con el tímido acompañamiento de las gargantas del público, dejó un paisaje para la historia con «Soldadito de hierro».

El cantante dio una auténtica demostración de dominio sobre las tablas con una espectacular versión inmersiva de «Mejor así». La banda y Nil latieron con un mismo corazón, desde cada una de las esquinas del Wizink Center, transpasando los límites del adjetivo «épico».

La recta final de la FIESTA, sí con mayúsculas, fue un auténtico carpe diem protagonizado por el color y el olor a pólvora. «Esperando», «Bailando» y «Pólvora» fueron el sello para una noche de infarto, del que se pueden sacar varias metáforas. La primera es que hay que vivir la vida con la misma intensidad que el confeti que anuncia la última canción. Y la segunda, y no por ello menos importante, es que cuando se sueña fuerte, la realidad llega y la ilusión cala hondo en quienes disfrutan del trabajo realizado.

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