En un concierto cualquiera de Miriam Rodríguez

Son las 9 de la mañana y ya estoy en la calle. Algo pronto para cualquier persona, pues es sábado, pero el fenómeno fan no entiende de horas.

Mis sospechas se convierten en ciertas cuando llego a la calle en la que se sitúa el teatro donde esta noche se va a celebrar el concierto, alrededor de 100 personas esperan en la fría mañana de abril. Las primeras chicas en llegar intentan mantener el orden de la cola poniendo números. Me acerco a ellas, no es el primer concierto en el que nos encontramos, llevan ya unas cuantas horas de espera. Recorren España concierto tras concierto siguiendo los pasos de Miriam Rodríguez, su siguiente parada será Castellón. Me aseguran que merece la pena hacerlo por la artista gallega.

Poco tiempo paso con mis cascos puestos viendo pasar la gente. Muchos curiosos preguntan que para qué esperamos, mientas les oigo decir ¡pues sí que tiene que ser buena la chica!. Las chicas que llegan detrás mia me ofrecen jugar con ellas a las cartas y sin dudarlo acepto la propuesta. Han quedado con más gente que poco a poco se van uniendo al grupo. No se conocen físicamente, se han conocido vía redes sociales, pero se saludan como si se viesen todos los días. Son de toda España, resalta una alta presencia de acentos gallegos, paisanos de la artista.

Horas más tarde, tras haber compartido alguna que otra ronda de cartas, parece que nos conocemos de toda la vida. Compartimos más o menos la misma edad, entre 18 y 20 años, curiosamente la mayoría de la fila también. Cabe destacar que la mayoría de la cola somos chicas.

Compartimos la misma visión sobre la artista, pues la tenemos mucho cariño, más allá de las barreras musicales. Saco mis propias conclusiones sobre esto y en mi opinión el principal factor han sido las redes sociales. El 24 horas ofrecido durante la emisión de Operación Triunfo, provocó una relación de convivencia entre el fan y el concursante, estrechando lazos, que a día de hoy, tras el programa, siguen manteniéndose.

El sol empieza a esconderse, factor que indica que ha llegado el momento de entrar en el teatro. Momentos antes del comienzo del concierto, el publico coreaba el nombre de Miriam.

Se apagan las luces y una ovación generalizada inunda la sala. Los fans ríen, saltan y lloran en muy poco espacio de tiempo. Olvidan sus problemas, según me comentan tras el concierto. La artista se deja llevar por su público emocionándose con ellos e introduce entre las gradas, lo que levanta los aplausos y las miradas de admiración.

 

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