Ese “haz de luz” llamado Sofía Ellar.

Sofía Ellar, esa artista que en poco tiempo se ha colado en mi vida y sus canciones se han convertido en indispensables dentro de mi lista de reproducción. No dudé ni un segundo en comprar las entradas para su primera parada en Madrid, mis ganas de disfrutar de ella y de su magia me llevaron hasta los  pies de la sierra de Madrid, en Guadarrama.

Apenas media hora antes del comienzo del concierto, Rosco, el guitarrista de Sofía nos dio la bienvenida al concierto. Sorpresa de poder verle en directo, pues si es cierto que me llamó la atención su paso por La Voz. Una voz rasgada y letras llenas de originalidad y personalidad me han llevado hacia escuchar sus creaciones en las plataformas digitales. Os lo recomiendo por completo.

A continuación una gran ovación inundó la sala. Un torbellino llamado Sofía Ellar iluminó todo el escenario. Ella nos cantó “sus movidas”, pero lo que ella no sabe es que sus letras marcan el paso en nuestro camino, y son un poco nuestras. El concierto fue un recorrido por sus dos discos, momentos para saltar y para bailar, para emocionarnos y para hacernos un poquito más felices. La noche prometía y sí “acabó en juerga”.

Sofía tiene esa capacidad para meterse al público en el bolsillo, de hacer que la sala del concierto el cuarto de estar de cualquiera de nuestras casas introduciéndose entre los asistentes. Ella que conquista tanto a pequeños como a mayores, es capaz de sacar una sonrisa a cualquiera. Hizo vibrar a todo el público. Respira arte, pues tan pronto puede hacer con su propia voz las trompeta de una de sus canciones, como hacer maravillas acompañada de su guitarra.

Volvió a sus orígenes cantando “Ana” canción dedicada a su madre, su gran apoyo. El brillo de sus ojos hablaba solo, años de lucha que la han convertido en la artista que es hoy, esa que tira sola su carrera y la convierte en todo un ejemplo.

Las canciones de Sofía tienen una personalidad única, y una de esas grandes canciones apareció en la despedida. Esa es “Versión de cobarde”, nunca sabremos decir adiós a nuestros animales, y con esta obra maestra nos lo hace un poquito más fácil. Logró emocionarnos a todo el público, llegando a nuestros corazones solo como ella sabe.

Nos demostró que las grandes canciones no avisan cuando quieren ser plasmadas en papel, y para ello no hace falta ningún elixir, pues en su último disco podemos disfrutar de “Borrachos de sueño”.

Con un cambio de imagen a “Rock´n´rolles de chiquillos” invocó a nuestro primer amor. Aquel que de una forma o de otra tiene un capítulo en el libro de nuestra vida, y nos deja marcados para siempre. Bonito es ver como las canciones crecen con el paso de los años, y mientras nosotros vivimos con ellas, siendo la banda sonora de nuestros amores.

Sí hay algo que me gusta de la artista es esa capacidad para invocar el verano. A pesar de ser una noche algo fría de finales de mayo esto no faltó. Canciones que saben a mar y a buen rollo. Las culpables fueron “Verano con lima” y “Bañarnos en vaqueros”, su último single que fue una de las canciones más esperadas de la noche, todo un grito feminista que demuestra que las mujeres no nos hace falta nadie para vivir.

La encargada de poner el broche de oro a la noche fue “Mundos”, ese nexo de unión entre ambos discos y estoy segura que será unos puntos suspensivos, pues pienso seguir los pasos de Sofía y volvernos a encontrar en otro concierto.

¡Gracias Sofía, por ser tan especial y por conquistarme con tu música!

 

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