• octubre 29, 2020 3:51 am

Vuelve La Voz por todo lo alto: una introducción para morirse.

La Voz, es una experiencia que mueve corazones y marca para siempre. No solo para los concursantes, sino también para los coach y para nosotros, el público, que no podemos evitar sentirnos afortunados ante tal espectáculo televisivo.

Este año, en la introducción al programa, han querido representar ese volcán de sentimientos. Los artistas, como una gran familia y desde la más pura humildad, han interpretado canciones de sus compañeros. Una subida a las nubes, de la cual, no me he logrado bajar. ¿Historia de la televisión? Yo digo sí, y voy más allá, pues me guardo este momentazo para mi extensa vida de fan.

Alejandro Sanz, maestro entre maestros, pero esta vez de ceremonias. Los ojos se me salieron de las órbitas y los oídos recibieron gustosos que el cantante nos hiciese trocitos con “Pedacitos de ti”.

El relevo lo tomó el creador del idioma piano, Pablo López. Con desgarro, creó un lazo irrompible con Pausini y su himno “Víveme”. De ahí la magia del malagueño, su forma de respirar la música tan auténtica.

A continuación, Laura Pausini, me robó el corazón y el habla con una versión de “El Patio” apoteósica . Con su forma de fundirse con la canción, interpretándola como una leona sellándola con el alma, solo pude caer rendida a sus pies.

Por su parte, Antonio Orozco, bordó como nadie todo un himno de Sanz como “No tengo nada”. Y allí, desde lo más alto, comenzamos a navegar en una noche fantástica.

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