El hambre por conseguir un sueño es capaz de convertir a una persona en pura luz. Esta genera a su alrededor un auténtico campo magnético, que todo aquel que lo traspasa es capaz de vivir el terremoto más bello que puede existir: el de la cantante casi recién nacida, con mirada de estrella, cuyo público es capaz de hacer temblar el suelo. Ella es Ruslana y así se vivió su primer concierto en Madrid.
El concierto de anoche fue una subida sin fin a una alta cima. No hubo canción en la que no hubiese sentimiento y más de uno nos olvidamos de nuestra garganta en La Sala Sol. Sin duda, fue una perfecta carta de presentación, donde la artista nos dejó claro que «Las chicas malas desafinan», que «son guerreras» y que ella tiene un «don» que tiene pinta de darnos alegrías durante muchos años.
La primera sorpresa de la noche vino de la mano de Paula Koops. Ambas nos volvieron a regalar una interpretación de su éxito «Me he colgado de mi ex». La complicidad llovió con éxito.
Tras sembrar la simpatía hablando con el público en los instantes previos a «Amigos», Ruslana nos dejó claro que el romanticismo y las distancias cortas también se le dan divinamente. «La cura» y «La Balada» sembraron más de un río de lágrimas.
Cómo no podía ser de otra forma, el final del concierto fue una auténtica lluvia de adrenalina que nos hizo olvidar la rutina de un martes por la noche en la capital. Con rebeldía y pasión, «Lokademas» fue el cierre perfecto para una noche que nos dejó con ganas de regresar a casa de Ruslana.

