En Madrid llevamos semanas sin ver el sol. Dicen que el temporal se va a alargar, aquellos que no entienden de magia y no vieron que esta noche, en La Riviera salió un sol deslumbrante, de los que te alegran el corazón y funden por completo las cicatrices del alma. Creo que los mejores conciertos son aquellos que se lloran sin explicación, solo porque el corazón se te sale por la boca, y también, aquellos que te funden por completo los pies. Así fue el paso de Chiara Oliver por Madrid.
La noche comenzó llena de electricidad. «La invitada» nos dejó claro que una estrella del pop ha nacido para quedarse, y no como aquellos artistas que se ponen de fondo para eliminar el silencio, sino como quien está dispuesta a ser banda sonora de tu vida.
Después de desenfundar la guitarra en «Cada vez» y la tan querida «Guitar Boy», llegó «El Parque» con Violeta y sí, sentí que mi hogar también puede tener acordes y el calor de un abrazo.
Tras «About Time» cogió los galones propios de la voz de una generación, para reseñar la importancia del amor propio en «A todas las versiones de mí» y subimos a una nueva cumbre con «Otra Ronda de más».
Posteriormente, dos pianos aparecieron sobre las tablas para cumplir un sueño que no sabía que tenía y que se hizo realidad delante de mis propios ojos. Pablo López interpretó «Tulipanes» con la artista y la magia se materializó. Imposible explicar lo que sentí en ese momento, solo sé qué las manos me temblaron y lloré un rato largo. Hecho que se alargó en «Otro Día» y «Mía».
Pero después de convertir las lágrimas en una lluvia metafórica, llegó la fantasía absoluta. «Bucle», «Bla Bla» y «Mala Costumbre» fueron una traca que me encantaría vivir de forma constante.
Gracias por tanto Chiara.
¿Quieres vivir los momentazos de la noche? ¡Aquí tienes los videos!


Exactamente lo que sentí.