Los castillos están vinculados a figuras históricas de gran legado. Anoche, Laura Pausini construyó su propio fortín en el interior del Movistar Arena, para demostrar que dentro de estas estructuras, no sólo se encuentran personas refinadas, sino también aquellas que luchan con uñas y dientes por sus creencias. En definitiva, fue una Diosa mitológica recién descendida del Monte Olimpo.
La cantante italiana comenzó su show con «Yo Canto». Rápidamente, llegó a mi mente una idea clara, entre continuos cambios de vestuario y visuales dignos de un sueño. No podía pestañear, pues sino no iba a ser justa y exacta con mi descripción.
La Pausini, fue suya, pero en mayor parte de los asistentes, que disfrutaron de una auténtica clase de historia en la versión de sus propios hits y de aquellos pertenecientes a los grandes nombres de la música en español. Uno de los momentos clave llegó en «¿Por qué te vas?» junto a Jeanette. Posteriormente, esas lágrimas que caen sin pedir permiso, llegaron en «El Patio» junto a Pablo López.
La italiana dibujó esa sonrisa que sabes que vas a recordar con nostalgia durante toda la vida. Fue estrella del rock, astro luminoso y hasta una elegante novia sobre las tablas. Mientras, fue salpicando sus discursos de su maravilloso sentido del humor.
Tras haber finalizado la noche con «MARIPOSA TEKNICOLOR», escribió un punto y aparte. Completamente acapella, se agarro a ese para siempre, entonando los caprichos que el público le pedía, como viejos amigos que alargan una quedada por miedo a volver a la rutina. «En la puerta de al lado» o «Carta», fueron el punto y final perfecto con el que la italiana se tatuó, aún más, en nuestro alma.

