Volver al origen, significa encontrar el porqué realizamos nuestras actividades vitales. Ayer, en el final de gira de Ana Belén en Madrid, encontré la razón por la cual escribo, ya que soy heredera de escuchar su música en largos trayectos en coche.
Ella, figura de Diosa inmortal, salió al escenario engalanada de un naranja vida. Pero Ana Belén, poco tiene de Olimpo y mucho de tierra. Empezó el show con un «Sólo le pido a Dios» más vigente que nunca.
El concierto estuvo lleno de colaboraciones con grandes amigos. La primera en salir fue Vicky Gastelo, con la cual interpretó «Que no hablen en mi nombre». La dedicatoria de esta canción fue a parar a un lugar necesario: el sufrimiento de las mujeres y niñas de Gaza. Sin duda, el hecho de hablar con el idioma de la verdad, fue una de sus grandes virtudes.
Este recorrido vital, también tuvo tiempo para sacar la vena actoral de la intérprete. «Cinecittá» o «La salida no es por ahí», nos hicieron partícipes de una banda sonora que podría ser, perfectamente, la de nuestras vidas.
Y a pesar de estar en la previa de Navidad, los regalos siguieron desfilando por el escenario. Junto a Miguel Poveda interpretó «Mala para los huesos esta humedad» y con con Víctor Manuel, el monumental «Contamíname». Aunque con «España camisa blanca» junto a Miguel Ríos, consiguió levantar al público de sus asientos.
Entre la elegancia de «Peces de ciudad», redescubrimos «Bachátame» junto a Jorge Usón y nuestras almas fueron completamente derrotadas a base de las teclas de un piano en «El hombre del piano».
La recta final fue una fiesta, de esas que mientras bailas, das gracias a Dios o al destino por ponerla en tu camino. De nuevo, Víctor Manuel salió para enloquecer al público con «La Puerta de Alcalá» y entre elogios a Madrid, la noche finalizó como el perfecto pistoletazo de salida a la Navidad.

