La espiritualidad llega a nuestras vidas, cuando al cerrar los ojos puedes encontrar la belleza del existir. Este hecho es inducido en muchas ocasiones por la música que nos conecta con nosotros mismos, como un cable evitando que nos elevemos hasta los cielos o como la voz de la consciencia que nos susurra lo que el exterior desconoce.
Así me ha hecho sentir el regreso de Belén Aguilera este viernes, titulado “Laberinto”. Esta canción es una vuelta de tuerca a la esencia de la cantante catalana, que, sin duda, ha incrementado su magia hasta límites insospechados. El aspecto lírico ha llegado para quedarse, sin perder de vista las eras anteriores de su carrera. De esta forma, su voz vuela libre, demostrando que es única en el panorama actual.
En la letra lo ha vuelto a hacer. El dolor se convierte en metáfora y de esta forma, en belleza indiscutible. Convierte en visible el tabú de sentirse perdido en la vida adulta. Gracias a su música nos sentimos menos perdidos.

