Olvidar la existencia del suelo y que existe una realidad fuera de un concierto de media hora de duración, es un superpoder a la altura de Chiara Oliver. Ella anoche se puso sus galones de voz de una generación, e hizo vibrar los cimientos de la clásica Plaza de las Reinas. ¿El resultado? Una sonrisa que se salió del dibujo habitual de los labios de los presentes.

«Bucle» fue la canción encargada de abrir la noche. Tan eléctrica que fue tormenta cuyos relámpagos eran las voces entregadas de su público. Aunque también hubo tiempo para la calma y el desahogo de «Tulipanes».
Finalmente, nos colocamos unas alas empoderadas, que nos sumergieron un poquito más en nuestra particular atmósfera de felicidad y adrenalina. «Tic Tac» y «Cómo aprender a volar» cerraron la velada.

