La vida es caerse, para levantarse con estilo. Es perfeccionar estos dos actos, hasta rozar la perfección, siendo un puro esfuerzo vitalista. Quién lo hace, es luz, que a su vez es faro para inspirar a los demás. Así son los directos de Veintiuno y así fue su tercera Riviera con el cartel de «no quedan entradas» en Madrid. Quién presenció su energía anoche, hoy lo lleva dentro.

La banda saltó al escenario dispuesta a devorar. «Perder los modales» fue la carta de presentación que derivó en «La Ruina» junto a Niña Polaca. Aunque el desfile de invitados no se quedó ahí. Posteriormente, «Acantilado» tuvo la compañía de Enol, «La Lloreria» la de La La Love You, «Complicidad» la de Malena y «Desvelo» la de Yoly Saa.
El final del concierto fue una liberación absoluta, esa que entra en tu cuerpo de un salto y te llena de ganas de comerte el mundo. «La Toscana», «Dopamina» y «La vida moderna» fueron una trilogía digna de ser releida hasta la saciedad.

