Respirar es el acto más humano del mundo. Parece que todos lo hacemos de la misma manera, pero es totalmente lo contrario, cada uno tiene su personalidad y esto se puede traspasar a un gran evento. Un concierto puede respirar por sí solo, para latir irradiando una emoción concreta, como un organismo que da vida a su alrededor. En el debut de Violeta en el Teatro Circo Price, se respiró la elegancia del teatro y la ambición de quién se va a convertir en nombre de oro en la industria, pero ya es indispensable para muchos. Con su mirada felina, conquistó corazones.
El escenario era una confluencia de caminos. Los meses y las pistas dadas hasta llegar al pistoletazo de salida de la gira, tuvieron su significado encima del escenario. La pureza del blanco como elemento principal, significó la verdad dejada sobre las tablas. Encima de una larga mesa, como en la primera experiencia de Madrid, Violeta comenzó a escribir su historia. «Corazón Mande» fue la canción encargada de abrir la noche, para proseguir con «Cruz y Delicia» o «Delirio». «Libertá» tampoco quiso perderse un momento tan especial y fue la encargada de finalizar el primer acto. La sincronía de baile y música, así como los juegos de luces, fueron pura poesía visual.

El segundo acto fue una lluvia de seducción. La escena se situó en una de las esquinas, con un conjunto de ropa tendida muy al estilo campestre, haciendo otro guiño a La Traviata. «Ay» abrió el acto, aunque su momento culmen fue cuando el color rubio tiñó su cabello, por aquel entonces, «Contigo» y «Me Pelea» sonaban con fuerza. La capacidad interpretativa de Violeta, completamente magnética, me hizo que la mandíbula se me desencajara por completo.
El tercer acto, nos mostró el final de la historia de La Traviata. Una cama fue el principal símbolo sobre el que orbitó la escena. Sin duda, fue mi acto favorito, pues todo pareció cobrar una fuerza intergaláctica. «Sabor de anhelo (bolerito)» fue cine, «Cruel final» el dardo que atraviesa el alma y «Ojalá» un salto hacia la eternidad, de forma real y metafórica. En definitiva, la trilogía que deja el «¿y si repetimos pronto?» en los labios.
El 15 de julio se queda para la biografía de quiénes escuchamos a Violeta. Su concierto es mucho más que una promesa de futuro, es el fiel presente. Ojalá no haber pestañeado para no haberme perdido ni una milésima de segundo del concierto, pues escribo estas líneas intentando hablar solo con la página en blanco, por miedo a que pronunciar palabras signifique que vuele algún detalle de mi mente. En conclusión, su hambre la principal fue fortaleza y el corazón del show.


Maravilloso show! Deseando venga a México pq si me hizo tener los bellos de punta solo viendo pieles de un directo por Instagram no me imagino como fue y será verlo en vivo 🥹. Nota perfecta!