• diciembre 1, 2021 1:55 am

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

El «Unikornio» de Pablo López late con fuerza en Illescas

Nadie coge una maleta y emprende un viaje sin un motivo. En el mejor de los casos el trayecto le cambiará la vida con una importante reflexión. Ir a un concierto de Pablo López es prestarle el corazón durante dos horas y dejarle que lo pinte de color, sabiduría y poesía. Illescas el pasado 11 de septiembre se entregó en cuerpo y alma al son del malagueño.

El lugar de partida fue gris con destellos de neón ansioso por explotar, pues «KLPSO 2» entre las rejas de «La Jaula» levantó una explosión de aplausos.
Este fue un viaje hasta el centro de la existencia humana. El artista gritó «Mama no» y se desnudó el alma, mientras «La Jaula» abría sus puertas. Sin peso sobre los hombros jugó con los pies descalzos de un niño soñador en «El Patio». El público abrazó este himno como patrimonio propio.

Tras deslumbrar con «Ven», llegó un mar de linternas al son de «Lo saben mis zapatos». Es una canción que supone liberar secretos y dibujar las acciones que pide el corazón. El público lo supo interpretar y el artista les regaló un cachito de este tema a capella.
Pablo López es sinónimo de sintonía y simpatía con su público, y dejó que por un momento llevasen las riendas de su directo. Anecdóticamente una voz le pidió la canción «Hijo de la luna» y el músico no se achantó ante el reto de interpretar este himno de Mecano. Además añadió a este grandioso momento «Uno de esos amantes».

La felicidad lírica poco a poco y con mucha elegancia llamó a la puerta de este escenario con «Suplicando» y «Yo te espero aquí», que desembocarían en «Mariposa».
López es luz creadora de momentos inmortales, como fue el caso de «La niña de la linterna» donde una vez más el público sacó las luces de sus móviles para convertirse en luciérnagas.

Momentos como este hay que agradecer a la vida que nos permita poder vivirlos. «Viba» fue un atisbo de la traca de fin de fiestas culminada por un «Unikornio» liberado y radiante. Cuando este cornudo animal late hay que dejarle volar y crear. Aunque el regalo final fue «La mejor noche de mi vida».
Pablo es un sin fin de adjetivos soñadores. Sin latidos musicales como el suyo no hay vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *