(CRÍTICA) Justo antes de Cristo (Temporada 1): La divertida y amena comedia que nos lleva a la antigua Roma.

Muchas veces, a los que la historia nos impone un cierto respeto, nos suele dar algo de sofoco meternos en series que nos transporten a tiempos pasados. Si estás buscando pasar un momento divertido, fundirte la serie en un pis pas y que además te haga viajar a la Antigua Roma, ¡Felicidades! Tengo tu serie: Justo antes de Cristo, de la cual os hablaremos hoy de su primera temporada.

Con capítulos cortos y entretenidos, se nos muestra una visión muy especial del Imperio Roma, haciendo un humor de lo más inteligente con las costumbres que se tenían en aquella época. Cada entrega es un mundo diferente a las demás y eso la hace única, a pesar de que se tenga un patrón común a la hora de conducir la historia.

Si tuviese que definir la serie con una sola frase, claramente sería el triunfo de la palabra frente a la sangre. Estamos demasiado acostumbrados a que las series situadas en esta época naden en un mar de muertes, pero esta le da una vuelta de tuerca aprovechando las facultades de su protagonista, Manio Sempronio. Este, es un patricio con una habilidad especial para la elaboración de discursos que conseguirá meterse en el bolsillo a todos los espectadores además de a los soldados con los que convive en el campamento. 

Otro de los factores más destacados de la serie es ese filtro sutil que actualiza la época del desarrollo de la serie hasta nuestros días con expresiones como “me cago en la loba” (espero que me perdonen la expresión) o las faltas de asistencia del protagonista a las clases de Cicerón. En conclusión, no hace falta respetar el rigor histórico al cien por cien para conectar con el espectador.

Si hay un personaje que brilla por encima de los demás es Valeria, interpretada por Cecilia Freire. La actriz, se mete en la frialdad de una romana de clase acomodada e hija del general del campamento. Ser mujer en tiempos tan difíciles no le impide llevar las riendas de los sucesos del campamento con una gran inteligencia ayudada por su hija y su criada. Desprende poder.

Pasando a otro plano, el paisaje es idóneo, recreando espacios para el ojo del espectador grandiosos. Además de los ropajes, que ofrecen una imagen casi caricaturizada de los personajes, provocando la risa solo con mirar como van vestidos.

Sin duda, merece la pena.

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