La magia brota en las inesperadas rupturas de la rutina. En esas finas líneas se forman oasis, donde la cabeza sale del cuerpo y flota entorno a un cuerpo celeste, como si tuviese trazada una senda para rotar, al igual que la Tierra lo hace con el Sol. Así me he sentido con la nueva canción de Malú. “Ausente” llegó a nuestras vidas con aviso discreto y se ha quedado gracias a la fuerza huracanada que lleva tatuada. Sin duda, es un gran inicio para la nueva etapa musical de la Reina del Pop español.
Malú canta con su habitual idioma que va más allá de las palabras, pero sin duda, revoluciona todo lo hecho anteriormente. La diva madrileña se desgarra y permite que veamos sus costuras para comprobar que es humana. Sin duda, esta canción, escrita por Pablo Alborán, son unas alas tejidas a medida que la permiten alcanzar su etapa más libre y sincera. Además, poco hay que excavar en las metáforas de esta canción para encontrar su significado, ya que nos habla de una ruptura pública y del dolor que conlleva situarse en el centro de la opinión pública por algo no laboral.
Pero, en este caso, me gustaría ir más allá de lo obvio para apostar por relatar el elemento que hace que, pese a que hayas escuchado la canción cien veces, la piel se ponga de gallina. Con tan solo unos segundos, Malú muestra que su voz está brillando más fuerte que nunca con una interpretación histórica. Poco a poco, desenmascara a una sociedad basada en apariencias para hacer una crónica de su propio corazón y rompe en un breve guiño a su hija. Por supuesto, esta canción es mucho más que una letra y ejecución perfecta, ya que está arropada por una base sonora francamente épica.
Felicidades Jefa. A tus pies una vez más.

