Los oasis se pueden abrir más allá de las fronteras del desierto. También nacen un jueves cualquiera, en mitad de la locura que supone mantener una rutina en la capital. Allí, Marta Soto construyó el suyo propio en La Sala del Movistar Arena, a base de canciones sostenidas en mucha verdad.
El concierto comenzó cargado de energía, esa que te hace tomar consciencia de la belleza que supone estar vivo. «Volvería» fue el hit decisivo para dar el pistoletazo de salida a la noche.

Además, la artista regaló a su público una auténtica dosis de emoción. Momento en el que «No fue culpa de nadie», dedicada a la tragedia ferroviaria de Huelva, lució con fuerza.
Durante todo el concierto, el público de Marta fue su mejor corista. «Entre otros cien» y «Las de siempre» fueron una muestra perfecta de cariño, que escribió su punto y seguido a una historia de amor infinita en «Dirás».

