• enero 29, 2022 12:13 am

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

Pablo López atrapa a más de diez mil almas madrileñas en su «Jaula»

El color blanco es un color que se asocia a la pureza pero también a la limpieza. Si lo llevamos a un estado emocional, se podría definir como una catarsis fruto del cuidado interior. Este mimo es producido por la música, que te hace olvidar que fuera del lugar del concierto, el mundo sigue amenazando tu canción.

Dos años de espera han merecido la pena para volver a ver a Pablo López encima del escenario del Wizink Center. Su jaula, creció acordé a las circunstancias para atrapar a más de diez mil almas, que, en cuanto se apagaron las luces, no dudaron en sacar sus móviles para hacer inmortal el momento.
«KLPSO 2» fue la llave que abrió el corazón de todos, pero también la jaula que rodeaba al cantante y sus músicos. La libertad se podía oler y hasta tocar. Todos ya estábamos volando a lomos de este alado Unikornio.

La música es una corriente nerviosa, que, cuando suena en directo, retumba entre los recovecos de tu piel. Pero, como decía al principio de esta crónica, para llegar a la catarsis también hace falta una pequeña dosis de realidad, que puede llegar a ser hasta dolorosa. «MamáNo» y «El Patio» exortizaron nuestros fantasmas y sombras interiores con una potencia asombrosa.
Tras ellas, una dosis sin medida ni techo alguno de sabiduría inundó las paredes del Wizink Center. Pablo López es un maestro de la poesía, que a golpe de versos, amarra tus pies al suelo como la mejor raíz. Este fue el caso de «ImaginaTú» y «Tu enemigo».

Una vez en suelo firme, quitándole al viento la categoría de ser el elemento más libre. «KLPSO» desnudó almas a raudales, como un río que espera a que sus bañistas disfruten del verano.

En un nuevo acto de valentía profesional, Pablo López se enfrentó a un Wizink Center deseoso de escuchar su canción favorita sobre el escenario. López escuchó sugerencias y decidió fundirlas solo como sabe hacer un maestro. «Lo ves» de Alejandro Sanz y el mítico «Suplicando» del malagueño fueron compañeras de convivencia durante un momento.

El remate final a este ratito de intimidad lo puso «Lo saben mis zapatos». Sin piano ni micrófono, el artista fue solo alma gritándole al estadio madrileño este himno de amor incondicional.

Para volar hace falta soñar. Cuando el sueño se convierte en realidad, hay que agradecer a la vida haber llegado a la meta. Con su mirada pura y llena de agradecimiento, el artista dedicó con cariño a sus músicos «Mariposa» a la que luego tomaría el relevo «Vi».

Y sí, el invierno nos guardó del frío con el calor de la música. Y, querido Pablo, de lejos te vi pero me has hecho feliz. No quiero dejar de buscarte por el camino de los escenarios mientras tú me cantas con tanta verdad.

Una constelación de luces acompañó a «La niña de la linterna» con un Wizink Center sin distancias de seguridad. Una estampa que todos habíamos echado de menos, pero, una vez vivida, te das cuenta que nunca se había muerto la sensación que se siente al ver a tanta luz acompasar a López. De recuerdo también se puede vivir, pero ahora podemos permitirnos disfrutar de la realidad con precaución.

«Unikornio» y «La mejor noche de mi vida» nos recordaron que las cosas buenas no son eternas. El aplauso sigue viviendo en nuestras cabezas deseoso de volver a entrar en la casa musical del malagueño en poco tiempo.

Gracias Pablo, una noche más.

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