• octubre 21, 2021 11:10 pm

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

Pablo López protagoniza una noche para la eternidad en el Teatro Rialto de Madrid

La Gran Vía es definida por la banalidad de la fugacidad. Miles de personas se cruzan con la mirada en el horizonte y pocas veces se rozan tímidamente. De ella nacen las contradicciones. Las luces de los teatros esconden noches inmortales. Pablo López tras cinco días de lleno absoluto en el Teatro Rialto de Madrid creó eternidades gracias a sus canciones. Está crónica solo puede escribirse gracias a la tinta de su alma, que no dudó en derrocharla por todo el escenario.

Volviendo al mundo de las contradicciones, el mayor símbolo de libertad nació de un corazón enjaulado. Mecanismo de un Teatro de público generoso y entregado. Este lugar explotó de oscuridad deseosa de ser color con «KLPSO 2» y «Mama no». La tónica de la noche puede describirse con la palabra calidad, ya que fue un espectáculo de luz y sonido exquisitos.

La jaula se despidió del público de una manera muy original. Pablo López hizo las delicias de una fan vía videollamada a la que dedicó «El Patio». Un himno a la libertad pura e inocente.

El cantante malagueño es un filósofo vitalista que entre canción y canción da pequeños discursos que todos deberíamos poner en práctica. Invitó al disfrute con el corazón en un puño y sin juzgar al de al lado. Esto fue una carta de presentación a «Tu Enemigo». Un par de tambores marcaron las constantes vitales con un ritmo de pisada fuerte.

Pablo López es el hogar de muchos. Es ese lugar al que escapar como quien se va de vacaciones a un paraíso. Entre las cuales por supuesto que me incluyo. Como si estuviésemos en el salón de su casa, se lanzó al desnudo más certero, volando únicamente sobre las teclas del piano. «Dos Palabras» y «La mejor noche de mi vida» fueron dos de las canciones tocadas con esta varita mágica.

Como acostumbra a hacer en todos los conciertos, «Lo saben mis zapatos» fue un zarpazo en el centro del pecho. El caudal emotivo que generó desembocó en una crisálida hecha «Mariposa» que revoloteó jugando con mimo entre las privilegiadas antenas del músico. A continuación, «Vi» fue una mirada al crecimiento meteórico del cantante. La jugada la culminó «El camino» mezclado con «El invierno nos guarda».

La última canción de un concierto es la que nunca quieres que se acabe, en ese momento serías capaz de quedarte a vivir entre las butacas del teatro. «Unikornio» purificó con su primavera una noche a la que es difícil ponerle un adjetivo que la acompañe.

Querido Pablo, tengo que decirte que nunca pierdo el sueño por cualquiera. La adrenalina recrea tu voz cuando cierro los ojos. Tú sigue soñando y continúa jugando. Alrededor de tus canciones se mueven nuestras vidas.
Gracias por tanto.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *