Hay conciertos que alegran el corazón, pero también enriquecen el cerebro debido a su exquisitez sonora y lírica. Así son los conciertos de Vanesa Martín. Anoche, una vez más, volvió a hacer magia en su concierto en Madrid. Acontecimiento que me hizo reflexionar sobre la existencia de cantautoras como ella, pues ¿A dónde irían los sentimientos más vitales sin versos para ser canalizados?, ¿Qué sería de nosotros sin voces que potencien tanto los sentimientos que llegan a hacer bello lo triste? En definitiva, la sensación de gratitud después de más de 2 horas de concierto es infinita.
El concierto empezó haciendo una oda a la libertad en «He Sido». La malagueña se puso dos alas, bañadas en oro o lo que es lo mismo, en letras inmortales que saben lo que es el éxito gracias a que cada uno de los presentes le da su propio significado. «Complicidad» o «No te pude retener» fueron buen ejemplo de ello.
Posteriormente cogió la guitarra para eliminar las multitudes y establecer una intimidad única, de esas que te hacen perder por completo el significado de la palabra reloj. Después de «Cuestión de piel» o «Frenar Enero», llegó la fiesta bañada en color y viento del sur. «Yo latiendo» o «Caída libre» fueron algunas de las indispensables de la noche.
La magia hizo acto de presencia en un bonito homenaje a Valencia en «Polvo de mariposas», pero incrementó con la aparición de Samuraï sobre las tablas. Sin duda, la piel se erizó al comprobar el relevo generacional que tiene la música española.
El fin de la fiesta, tuvo una gran sorpresa. La artista estrenó una nueva joya: «Lobos». Una canción que tiene el carisma suficiente para quedarse y hacer huella.
Nuevamente, aterrizó el punto y final con «He Sido», aunque nosotros seguimos escribiendo vida con sus letras.

