La música son energías mágicas, las cuales te hacen levitar sin levantar los pies del suelo y te llenan de vida, pero de la buena, de la que tiñe de color la mirada y te hace creer que puedes afrontar los obstáculos que esperan más allá de las puertas de las salas de conciertos. Unos expertos en ello son Veintiuno, los cuales hicieron arder su segunda Riviera del año.
Con la verdad anclada en los dedos, y las guitarras como altavoz, los cinco integrantes de la banda se comieron el escenario a mordiscos desde el comienzo. Desde los primeros acordes nos hicieron saltar con temas como «La Ruina» o «Escalofríos».
Sin duda, el concierto fue un auténtico desfile de talento por el escenario. La primera colaboración no se hizo esperar Gabriel Montes hizo las delicias del público en «Mañana lo dejo». Y tras una dosis de buena «Pirotecnia» al piano, Chica Sobresalto se convirtió una vez más, en una integrante de Veintiuno con «Nudes» y «Poquita Cosa».
Tras haber tocado el cielo, la belleza de la tranquilidad apareció en el escenario. Un ambiente íntimo, similar a disfrutar de una puesta de sol digna de película, se instaló en el escenario. En este instante, la colaboración con Xavibo, así como temas como «Chihiro» o «Parasiempre», nos acariciaron la piel.
El final del show fue una auténtica máster class de como hacer vibrar a una sala completa. La «Dopamina» se disparó para desatar la locura en «Cabezabajo» y «La vida moderna», con Paul Thin y Juanjo. En definitiva, puro confeti auditivo.
Todos deberíamos de vivir un concierto de Veintiuno cada vez que necesitemos desahogarnos.

