La grandeza musical es mucho más que ser brillante vocalmente. Es saber surfear entre miles de personas y a la vez saber acertar en el centro de sus corazones, como una arquera experimentada. A la vez, hay que saber crear una atmósfera idónea donde paisajes intimistas y otros formados por cientos de constelaciones convivan en armonía. En definitiva, anoche Amaia supo encajar todas las piezas necesarias para dejar huella en su primera vez en el Wizink Center.
Con el piano resonando con potencia en el interior del cuerpo de los asistentes, la artista devoró el escenario desde el primer instante con canciones como «Bienvenidos al show», «Dilo sin hablar» o «El Relámpago». Estos temas supieron enganchar al público que ovacionó a la pamplonica desde el primer instante.

Posteriormente, armada por una profesionalidad valiente, se desnudó de la banda y se enfrentó con una mirada limpia a la soledad del piano. Con sus manos volando sobre las teclas creó mares de puntos en la piel. Durante este periodo del concierto deslumbraron «Nadie podría hacerlo», «Fiebre» o el inédito «El árbol». Mientras tanto, un ficticio sol iluminó el escenario, siendo una metáfora perfecta de la belleza del momento.
Tras hacernos volar hasta el corazón de Pamplona con «Yamaguchi», las colaboraciones desfilaron en una lujosa alfombra roja. Rojuu, Alizz, Rigoberta Bandini y Samantha Hudson hicieron las delicias de los asistentes.
El broche de oro a la noche lo puso «Quedará en nuestra mente». Sin duda, el título de la canción fue un ideal paralelismo con la sensación que mi corazón tuvo tras el encendido de luces del show.
Gracias Amaia, vuelve pronto.

