• junio 18, 2024 9:41 pm

Análisis | La asexualidad y Ariadne de ‘Títeres de la Magia’ (Iria G. Parente y Selene M. Pascual)

«T. S. Eliot reflexiona sobre [la literatura] diciendo lo siguiente: “Para
la transmisión y preservación de una cultura (de un peculiar modo de
pensar, sentir y actuar) no hay mejor protección que la lengua. Y para
que sobreviva con ese fin, debe seguir siendo una lengua literaria”.»

(Blanco 2022:12)

Con esta cita de T.S. Eliot, Blanco (2022) reflexiona sobre la importancia de la literatura en la sociedad, y sobre todo, para los jóvenes. Como bien expone la autora, la literatura es tanto parte de la realidad como un reflejo de esta, de la sociedad y de las relaciones interpersonales, además de formar parte de la cultura y ser una manifestación artística. Continúa defendiendo que los jóvenes tienen un gran interés por la literatura y conforman un movimiento cultural muy importante, como se aprecia en que la presencia de los jóvenes en las ferias del libro es mucho más relevante que la del resto de edades, así como los grandes movimientos de promocionar y compartir la literatura que existen en internet a través de las redes sociales.

Es durante la adolescencia donde, en palabras de Alonso (2017) «la ficción literal es un factor importante de la construcción del yo. En la soledad de la lectura de obras literarias el joven puede encontrar cuestiones referidas a sus propios afectos, sentimientos, problemas.» (Blanco 2022:14) Cotilla (2016) remarca que aunque el niño o el adolescente sea totalmente consciente o no de su orientación sexual, el niño/adolescente no sólo necesita, sino que tiene derecho a encontrar literatura donde pueda encontrar el diálogo seguro acerca del tema que necesita. Diálogo que resulta increíblemente importante para negociar su identidad y para reconocer la libertad de explicar libremente su identidad en la sociedad.

Es por eso que este mismo autor, aglutina las conclusiones de unos cuantos autores que afirman que la literatura que existe ha ofrecido a los adolescentes una visión poco definida de la identidad homosexual/heterosexual, proliferando una serie de estereotipos LGBT extremos y poco realistas. Con el paso de los años, esto ha mejorado con una mayor calidad no solo en la novela juvenil LGBT, sino también en la representación de otras siglas del colectivo, como pueden ser la A (Asexual) y la I (Intersex), además de una visión menos estereotípica del colectivo y desmarcándose de una problemática que destaca Cotilla «la homosexualidad acaba por ser retratada como el corazón de la trama principal o el obstáculo a superar, en vez de mostrar por la normalización que se tiene como objetivo.» (Cotilla 2016:197)

Aunque se haya dado una mejora, esta no ha sido uniforme. Las siglas G (Gay) y L (Lesbiana) están cada vez menos estereotipadas y conforman cada vez menos el obstáculo principal de la trama, no sucede lo mismo ni con la T (trans), ni con la A, ni con la I. Es por eso que vemos necesario analizar a uno de los primeros personajes asexuales dentro de la literatura juvenil es español, como es el personaje de Ariadne en Títeres de mágica (2016), de Iria G. Parente y Selene M. Pascual. Para que, al igual que con los primeros personajes gays o lesbianas, se desligue el estereotipo del personaje y ayude al desarrollo de personajes que se acerquen más a las diversas realidades.

Para entender mejor a este colectivo, es necesario comenzar con su mayor problemática: una definición unitaria. Como se ha visto a lo largo de la historia del colectivo LGBTIQ+, la reivindicación del lenguaje es una de las consecuencias primarias. Las palabras no nombran solamente la realidad, sino que la crean; es decir, las palabras son un reflejo del contexto sociocultural de cada época. De la misma manera, la etimología de las palabras nos ayudan a comprender mejor su significado. En cuanto a la palabra asexual, está compuesta por el prefijo “a-” significa “sin”, el sustantivo “sexos”, se traduce como “sexo” y el sufijo “-alis” se utiliza para designar “pertenencia” o “cualidad”. Por tanto literalmente asexual es carencia de sexo, como bien explica Donate en su artículo Asexualidad ¿Un trastorno o manera de ser? (2018).

Partiendo de que las definiciones que se van a comentar a continuación son aquellas que se encuentran recogidas dentro del ámbito de las ciencias humanas y sociales. Para la mayoría de los autores, el componente central de la asexualidad es la ausencia de deseo, sueños o fantasías sexuales, sin considerar la orientación sexual y sin la presencia de sufrimiento por dicha situación, lo cual se traduce en un desinterés por mantener relaciones sexuales. Sin embargo, existe controversia si se puede considerar como asexualidad, si en presencia de los dos criterios anteriores, las personas se interesan por establecer un vínculo o relación amorosa con otras personas sin que ello implique deseo y relaciones sexuales.1 Otros autores, por el contrario, defienden que se debe distinguir la asexualidad de las personas que escogen no tener relaciones sexuales, elección que recibe el nombre de celibato o abstinencia y que está presente en personas de todas las orientaciones sexuales, ya que dicha decisión se refiere al comportamiento sexual y en ningún momento afecta a la orientación sexual.

Aspecto en el que bastantes autores coinciden es el que la asexualidad es un “termino paraguas”, un constructo multidimensional que incluye la presencia de deseo sexual, relaciones sexuales, vínculo amoroso y la autoidentificación con la elección, en ausencia de malestar o sufrimiento emocional por la situación, disfunción sexual y de discapacidad o condición médica que limite el libre ejercicio de la sexualidad. Las múltiples orientaciones y preferencias que el propio colectivo acoge son, en primer lugar, asexuales: personas que no sienten ninguna necesidad ni interés por mantener relaciones sexuales, ya sea con personas del mismo o distinto sexo. En segundo lugar, autosexuales: personas que sí experimentan sensaciones sexuales, pero no sienten ninguna necesidad de compartirlas con otras personas. En tercer lugar, demisexuales y grey-A: situados en una zona gris o intermedia, entre la sexualidad y la asexualidad, donde las relaciones sexuales son esporádicas, necesitan de momentos o personas muy especiales, o bien se encuentran abiertas a la “sensualidad” corporal antes que centradas en la “genitalidad”.3 Una vez establecido esto, es necesario presentar un breve resumen de la obra. Esta narra las aventuras y el romance entre Clarence y Hazan. Clarence es un nigromante y tutor que nunca a salido de la torre de Idyll, y Hazan es su aprendiz que fue expulsado de su anterior escuela de magia y que ya a vivido otras aventuras antes de ser invitado a estudiar nigromancia. La rutina se ve interrumpida por la aparición de unos venenos que se comercializan por todo el continente de Maravilla. Los tíos de Clarence, influenciados por el miedo a perder el liderazgo de la torre, mandan a Clarence y a Hazan a encontrar al responsable y los posibles antídotos. Para esta misión cuentan con la ayuda de Lynne y Arthmael, amigos de Hazan, y Ariadne, la mejor amiga de Clarence. Conforme avanza la aventura, el romance entre los protagonistas florece. Clarence asimila el privilegio que conlleva el control de la magia, sufre una crisis de identidad y se revela al creador de los venenos y el lugar en el que se fabrican. Este lugar, llamado el Taller, está dirigido por los padres de Ariadne y por ella misma, lo que supone una traición para Clarence. Tras visitar el lugar y hablar con Ariadne, se descubre que el creador de los veneros, Hendal, los traiciono y usó el taller para su venganza, alejándose del verdadero objetivo del Taller, que es construir un lugar más justo para aquellos que no pueden hacer uso de la magia. Una vez de vuelta en la torre de Idyll, Clarence intenta convencer a su tío de la necesidad de los cambios que propone el taller, pero terminan temiendo un accidente a la hora de crear una poción. Las heridas sufridas, sobre todo por su tío, provocan su abdicación y que la dirección de la torre recaiga sobre Clarence. La amistad entre Clarence y Ariadne se ve dañada por la creación del Taller, pero esta se va recuperando tras el accidente de Clarence y su tío.

Para comenzar con el análisis de Ariadne, es imprescindible mencionar que al no ser uno de los personajes principales, todas las acciones y/o pensamientos de Ariadne son relatados por parte de Clarence y Hazan. Siendo este primero, el más cercano a ella, como ya hemos visto, y el que trata de mostrar una visión más completa de su amiga. La forma de describirla suele ir acompañada de una virtud y de un defecto, por ejemplo:

«Hay cosas a las que uno nunca se acostumbra. Por ejemplo, al sabor de algunas pociones medicinales; no importa cuántas veces te las hayas tomado, siempre pondrás la misma cara de asco y te las tragarás con el mismo disgusto. Los comentarios de Ari son igual que esa pociones, porque, aunque buscan ayudarte, no dejan de ser desagradables. Da igual que lleve haciéndolos desde que tengo uso de razón: pase el tiempo que pase, su brusquedad siempre conseguirá sobresaltarme.»

Parente y Pascual (2016:25)

«Ella no se da cuenta, pero su manera de controlar las situaciones es inquietante. Su inteligencia y su poder pueden resultar perturbadores. A mí no me ocurre, claro, porque llevamos juntos muchos años, aunque entiendo que pueda angustiar a otras persona, porque da la impresión de carecer de debilidades y de dudas. Y no hay nada más peligroso que una persona confundida y sin puntos débiles.»

Parente y Pascual (2016:248)

Aun así, Clarence no deja de recordarnos que su orientación sexual es la asexualidad, y que aunque la entiende no acaba de compartirla, como se aprecia en los siguiente fragmentos:

«Pongo los ojos en blanco, pero no le reprocho su manera frívola de ver las cosas, y no deja de ser irónico que ella, que nunca ha sentido atracción sexual por nadie, me anime a olvidar de esa manera. De todos modos, no creo que sea lo mismo. No creo que sea tan fácil.»

Parente y Pascual (2016:69)

«Ariadne , por ejemplo, no tiene ningún tipo de interés en esas cosas. Siempre le digo que se pierde un mundo de posibilidades, pero ella no siente ese tipo de…impulsos. Claro que eso lo descubrió tras estar conmigo. A lo mejor deberías hacer lo mismo y probar; estoy dispuesto a ayudarte.»

Parente y Pascual (2016:121)

«Ella asiente, satisfecha, y se inclina hacía mi. Cuando sus labios cocan los míos, ni siquiera me sorprendo. Hay personas que dan la mano y otras que besan las mejillas una, dos o tres veces. Hay personas, como ella, que siempre se despiden con un beso en los labios. Lleva haciendo desde que somos críos. Nunca he conocido a ninguna otra persona por la que un beso signifique tan poco como para ella. Para Ari, no son cuestión de atracción o de deseo, ni siquiera tiene que ver con el amor romántico. Son un juego y una manera más de demostrar cariño. Nunca ha significado más, ni siquiera en el breve periodo de tiempo que estuviéramos juntos. […] Ambos descubrimos un poco más sobre nosotros cuando aceptamos que no podrías querernos de esa manera: yo supe que mis gustos se inclinaban más por los hombres y ella supo que no tenía ningún interés en tener una relación física con nadie.»

Parente y Pascual (2016:72)

Es decir, se nos presenta a un personaje que físicamente es inalcanzable por su belleza, pero que además es fría, controladora, y calculadora; sin embargo, en el otro extremo es tremendamente leal, poderosa e inteligente. Sin que eso haya sido intención de las autoras, la personalidad fría y poderosa de Ariadne se ha visto muy ligada a su orientación, puesto que Clarence de una u otra manera siempre lo recuerda. Lo que puede llevar a la conclusión de que su personalidad dicta su orientación sexual y refuerza el estereotipo como personas frías que acarrea el colectivo, e incluso la falta de empatía, ya que en este caso, el personaje se caracteriza por su humor ácido y brusco.

Aun así, las autoras rompen uno de los mayores estereotipos que caracterizan a los asexuales, como es el tema del contacto físico y las muestras de cariño. Farias y Esteban (2018) en su artículo defienden, citando a Scott & Dawson (2015), que la asexualidad no necesariamente significa una falta de interés en la intimidad o sus factores componentes (amor, sociabilidad, profundidad emocional, entre otros) que ayudan a construir relaciones cercanas, sino que depende de la personalidad de cada persona. Eso se aprecia en la relación que tiene Ariadne con Clarence y en las explicaciones por parte de él cada vez que se da uno de esos gestos, quedando muy bien retratado en el último fragmento citado anteriormente.

Sin embargo, en este mismo fragmento se aprecia una de las mayores concepciones de la sociedad: la implícita necesidad de que exista una relación física en una romántica o, como se aprecia en el fragmento de la página 121, la necesidad de tener una relación para descubrir la orientación de cada uno. Está claro que para el personaje de Clarence, la atracción sexual es importante en sus relaciones románticas, pero no debemos olvidar que una de las características de las personas asexuales es su falta de atracción sexual, no romántica; es decir, una persona asexual puede tener una relación romántica. En este caso, desconocemos si Ariadne es también arromántica, ya que nunca expresa su orientación, siempre es Clarence quien lo hace y este no realiza una distinción entre atracción romántica y sexual. Partiendo de la dificultad que tiene el propio colectivo de encontrar una definición unitaria que abarque las distintas realidades que se amparan bajo el techo de la asexualidad, no podemos asumir que la creación de un personaje asexual es tarea fácil. Como hemos visto, Ariadne presenta estereotipos pero también rompe otros, aunque el papel más importante que cumple es el de mostrar con naturalidad la presencia de personas asexuales, y que su orientación no supone un problema para ella ni para el desempeño de sus funciones como nigromante o creadora del taller. Presenta un ejemplo y referente para todas aquellas personas jóvenes que están descubriendo su orientación, escapando de la problemática mencionada por Cotilla (2016) de que su orientación es la problemática a resolver y de sufrir en caso de salirse de la heteronormatividad. En este caso,

además, las obras de Iria y Selene destacan por que las orientaciones nunca son la única problemática a la que se enfrentan sus personajes, y no suelen ser el foco de su sufrimiento.

En conclusión, la literatura juvenil debe nutrirse de personajes diversos, ya que, como hemos visto, se sitúa en un momento del desarrollo de los jóvenes/adolescentes donde necesitan encontrar personajes con los que puedan identificarse y sentirse reflejados. Como bien hacen estas autoras españolas, es necesario salir de la habitual trama de sufrimiento por la orientación y, sobre todo, evitar que la orientación sea la única característica de los personajes que pretenden reflejar al colectivo LGBTIQ+. Ariadne logra cumplir esto en parte, ya que es un personaje con sus propios objetivos y   metas, y su orientación no supone un problema. El mayor inconveniente surge del hecho de que todo lo que sabemos de ella proviene de la perspectiva de Clarence, sin olvidar en ningún momento que los protagonistas de la novela son Clarence y Hazan, lo que termina vinculándola a su personalidad. Una posible solución para evitar eso podría haber sido que, en una de las muchas conversaciones entre ella y Clarence, Ariadne se definiera a sí misma o incluso se lo explicara directamente a Hazan.

Todo esto nos lleva a la reflexión de Osterwald (2017) que dice lo siguiente:

«La asexualidad es un espectro tan diverso de comportamientos que resulta muy difícil representarlo con precisión. Además, los conceptos erróneos sobre las personas asexuales creados por diversos personajes ficticios a lo largo de la historia, han dificultado que las personas asexuales sean comprendidas y aceptadas. A veces, estos conceptos erróneos pueden incluso crear ideas peligrosas sobre la asexualidad: como que no existe, que una aberración que debe corregirse, que debe hacer algún deslavace mental u hormonal, etc. Hasta que se puedan representar personajes asexuales más diversos sin estereotipos simplistas en la literatura y el cine mainstream, la asexualidad seguirá considerada una “maldad” que debe ser “curada”. Los estudios científicos ayudarán en este esfuerzo, pero parece que llevará tiempo recopilar suficientes datos comprensivos para demostrar que las personas asexuales existen fuera de los límites del binarismo heterosexual/homosexual, y que somos seres humanos normales.»

Osterwald, Contradictions in the Representation of Asexuality: Fiction and Reality. Traducción propia.

Referencias

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Donate, E. (2018) Asexualidad ¿Un trastorno o una manera de ser? Faculta de ciencias Humanas y sociales. Universidad Pontificia. Madrid.

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Guitierrez, C (2022) La revolución (a)sexual. Editorial Eagles.

López Ruiz, M. T. (2015) Sexo en tiempos de crisis global: la asexualidad como nueva forma de identidad. Universidad Nacional de Educación a Distancia (España). Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. Departamento de Sociología III.

Osterwald, G. (2017). Contradictions in the Representation of Asexuality: Fiction and Reality.

IAFOR Journal of Arts & Humanities, 4(1). https://doi.org/10.22492/ijah.4.1.04

Parente G., I y Pascual M., S. (2016) Títeres de la magia. Nocturna Ediciones.

Oihane González de Alegría

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