Lo que se espera con ganas, se escapa entre los dedos de una mano, tan rápido que incita a reflexionar la razón por la cual como más de una hora y media de concierto, hayan producido la sensación de 5 minutos naturales. A pesar de la fugacidad de las circunstancias, me descubrí a mí misma disfrutando del concierto de Chiara Oliver en Madrid con la mirada pura, como si me hubieran limpiado el polvo del día a día para resultar ser un niño el día de reyes y con la cabeza ladeada, llena de orgullo de ver crecer a quien tanto admiras.
Chiara ya nada tiene de aprendiz. Ya es una estrella de resplandeciente brillo en la constelación musical española. Es capaz de sembrar terremotos con una pisada firme, ilusionada. El mejor ejemplo de ello fue el arranque del concierto, donde la cantante se introdujo entre el público como una de sus mejores amigas.

De hecho, esa es la gran virtud de Chiara. Ella se ha colado en nuestras vidas como una persona a la que recurrir en la rutina. Se le siente como familia, y esa intimidad nos la regaló en una versión a capella de «About Time».
Tras coger los galones necesarios que requiere ser voz de una generación, reivindicó el amor propio en «todas las versiones de mí» y nos regaló una versión para el recuerdo de «Thank you for the music» de ABBA.
El final del concierto fue una descarga de potente electricidad. «Bla Bla» y «mala costumbre» dejaron claro que no tiene nada de estrella fugaz y que hay para rato.
Gracias Chiara.
Así fue el photocall previo al concierto:

