Entre el fuego y la adrenalina, nace Ruslana. Con su mirada felina es capaz de contagiar de su fuerza a cualquiera que la mire. De hecho, hace escasas horas, ha prendido Madrid, demostrando que ya no es futuro, sino que es el presente firme, al que una legión de fans siguen como fieles devotos. La sala Galileo Galilei ha sido testigo de todo ello.
Con una fortaleza «Eterna», cogió las riendas de su presente, simbolizando este hecho tocando la guitarra. Fue figura inspiradora y empoderada, una «Estrella del Rock» en toda regla.
Las canciones de su «Catarsis» no fallaron. «Las guapas no morimos de verdad» fue el salto hasta el cielo de Madrid, al que cogieron el testigo «Maneras» o «Casi Nada», sin olvidar a la siempre hechizante «La balada».
Fue un concierto que no dejó indiferente a nadie, y que dejó con ganas de seguir bailándole a la vida con su voz como testigo. La recta final fue como la mejor parte de una montaña rusa. «Quién soy», «Que duela bien» y «LOKADEMÁS» finalizaron el show.

