• mayo 29, 2022 12:31 am

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

Crítica | ‘Drive My Car’: silencio.

Igual que existen las películas para todos los públicos, hay películas que no lo son para todos. Y no por contenido explícito o sensible, sino porque no cualquiera es capaz de disfrutar de tres horas de metraje en el que el silencio y lo que no se dice es el protagonista. Ryusuke Hamaguchi juega con el entorno, lo que se oculta y aquello que sí se puede mostrar: Una reunión secreta de sentimientos que no es fácil de descifrar.

El saber que está basada en un relato de Murakami ya es suficiente motivo para muchos de acercarse al cine y sentarse a ver esta obra que destaca por su complejidad. Son sensaciones muy ambiguas las que se quedan en el cuerpo después de pasar 179 minutos observando silencios y paisajes contrastados con duros monólogos y escenas en el interior de un coche. En ocasiones, sientes que no sabes qué estás viendo o a donde va a parar esta película; en otras crees que estás a punto de presenciar una obra maestra. Múltiples diferencias en una misma película que dan explicación a la disparidad de críticas recibidas para esta obra japonesa, pero que no deben influenciar a la hora de visionarla. Una obra tan personal merece ser categorizada individualmente.

Por ello está el dicho de «las normas están para saltárselas». Hamaguchi es lo que hace continuamente, no dejar que nada siga lo preestablecido. Incluir gran parte de la personalidad del director en cada película puede ser, a veces, tedioso. La búsqueda de hacer algo independiente y que destaque por su originalidad no siempre es un punto positivo y termina conduciéndonos al mismo destino. ¿Es una obra pesada, o una película revolucionaria? Sí, a ambas.

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