La cuenta atrás de los eurofans españoles fue protagonizada por los nervios en el estómago, los sueños en el aire y una ilusión latente. Para muchos de ellos era una sensación completamente nueva, pues España hacia años que no se veía en otra igual. Pasase lo que pasase la noche del pasado sábado, iba a ser historia.
Chanel Terrero, una desconocida artista para el público general, fue la superheroína de la noche. En los ensayos, su poder hechizó, su glamour conquistó y sus pasos certeros, tanto vocales como físicos, adelantaban que la noche de la Gran Final no iba a fallar.
Con las luces a medio gas, la artista española fue recibida con la gran ovación del público. Este fue un hecho que se mantuvo a lo largo de los tres minutos de actuación, aumentando de forma progresiva y pareciendo que la artista jugaba en casa. Aunque de forma metafórica lo hizo, puesto que, la polifacética cantante lleva toda una vida preparándose para convertir en hogar todo lugar donde poder expresar su magia.
Encima del escenario Chanel no triunfó sola. Su grupo de bailarines fueron mucho más que acompañantes. Sus miradas derrocharon pasión y fueron letales para el transcurso de la actuación. Remaron a una y toda España con ellos.
Vocalmente consiguió la excelencia, acertando con cada nota y haciendo fácil el sueño de cantar y desbordar luz con cada paso de baile. Además, la nueva parte de la puesta en escena fue la firma perfecta para una actuación indescriptible y sobresaliente.
España se creció con el montaje del escenario y con la realización de la actuación. Las raíces latinas y la nacionalidad española de la cantante se unieron, siendo un equipo diez. Deseamos que Televisión Española, apunte bien los aciertos en su agenda y los potencie para 2023.
Chanel ya es leyenda, que se mantendrá en el tiempo gracias a su incansable lucha. Esperamos con ilusión su carrera más allá del festival.

