Gerda Taro, la gran olvidada del foto-periodismo.

¿Qué mejor momento que el 8 de marzo para rendir homenaje a Gerda Taro? Si todavía no lo habéis descubierto, soy estudiante de periodismo y tengo que decir en contra de la carrera, que (casi) nunca nos ponen sobre la pizarra a una periodista que marcase la historia de nuestra profesión. Como en las clases no lo veréis vamos a ello con este artículo.

Ser mujer y vivir en tiempos de Hitler, Franco y compañía nos podemos hacer a la idea que fácil no era. Ella era de esas valientes que se atrevían a desafiar a la historia, y más naciendo y creciendo en el momento en el que Hitler decidió decir ¡hola, estoy aquí y os vais a cagar!. Como decimos hoy en día, con dos ovarios por delante formó parte de una campaña contra el régimen, lo que le costó decir adiós a su país.

Francia fue su destino, y el horno donde cocinarse un futuro que marcaría el fotoperiodismo. Conoció a (este si que le habréis estudiado) Robert Capa, y Cupido hizo de las suyas. Formaron un tándem letal como cualquier dúo en la delantera de un equipo de fútbol top en Europa, retroalimentándose en sus conocimientos fotográficos.

¿Qué mejor conflicto para desarrollarse como profesionales que en la Guerra Civil española? Afines a sus ideales, retrataron al bando republicano (eran buena gente). Recorrieron España de norte a sur, de este a oeste, trabajando mano a mano, tanto en video como en foto e intercambiándose las cámaras.

Ella era diferente, arrojo puro, que no dudaba en colocarse junto a la primera línea de batalla. Se ganó el cariño de los soldados a pulso. Consiguió independizarse de la firma de Robert Capa para colaborar en solitario con varias revistas francesas.

De película fue su fatídico final aunque todavía incierto, pues hay muchas versiones. Pero, el caso es que murió atropellada por un tanque en pleno campo de batalla. Recibió el cariño con un funeral multitudinario en Francia, y por supuesto también en el frente republicano.

Y ahora os preguntaréis… ¿por qué no es tan reconocida? Pues como muchas cosas en esta vida, nuestro querido Franco decidió que era una buenísima idea destruir los trabajos de los fotógrafos de la guerra. Hay cosas que no cambian… Por otra parte, otra vieja costumbre del machismo, el sambenito de “la novia de…” por lo que muchas de sus obras son atribuidas a Robert Capa.

Hasta ahora no había tenido ídolo periodístico, pero sin duda ella ha suplido ese vacío. Os invito a investigar, no solo la vida fascinante de esta luchadora, sino también de todas aquellas que le han impedido tener el hueco que merecen en los libros de historia.

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