• mayo 19, 2024 12:51 pm

La gran mentira sobre las lesbianas – Ausencia y Exceso de Francina Ribes Pericàs

ausencia y exceso

La perspectiva y dominación del hombre en el cine es una realidad innegable. Y su constante intento de someter e invisibilizar a otros colectivos y grupos tampoco puede refutarse. Estas ideas son la base desde la que Ribes explora los ejemplos cinematográficos que se estudian durante el libro. Se parte desde un punto de vista en el que se reconoce la “perspectiva androcéntrica y heteropatriarcal [del] discurso” (p. 24) con el objetivo de analizar los carentes ejemplos de lesbianismo y bisexualidad dentro de sus respectivos contextos; para abordar la conocida y problemática figura de la mujer queer asesina.

Con la finalidad de entender cómo y por qué surgen estas obras, la autora enmarca históricamente y socialmente los intereses y necesidades de cada una de las épocas estudiadas. Pasando por el mundo anterior al código Hays (1930) a la implementación del mismo, llegando a la superación de éste y al auge del cine comercial. Incluso, en determinados momentos, profundiza en entornos específicos para exponer obras particulares. A nivel teórico, la autora se basa en conocimientos feministas y queers para trabajar las obras y su impacto. Ribes menciona la obra de Judith Butler en calidad de referente para el feminismo y los estudios de género. Emplea su concepto de “matriz heterosexual” y de “heterosexualidad sistemática” a lo largo del libro para describir la experiencia lesbiana y bisexual, aclarando su importancia para comprender la teoría feminista y queer. Se utiliza con el propósito de identificar cómo ciertas obras continúan aplicando estos conceptos mientras que otras, más transgresoras, los emplean para subvertir y mostrar la complejidad de las identidades que presentan.

El libro está dividido en cinco capítulos, los cuatro primeros realizan un estudio de un periodo del cine e indaga en películas realizadas durante esta etapa, definiendo cada una de ellas por un arquetipo de lesbianas y bisexuales. El primero Esta estructura simplifica la lectura y hace accesibles los argumentos de la autora sobre cada película y ejemplo.

El primer gran razonamiento postulado es el de la sexualidad femenina. Hipótesis que continúa durante todo el libro por su importancia en la representación de las mujeres, que han sido relegadas a un segundo plano como sujetos y han sido cosificadas desde la concepción del cine. La sexualidad femenina es, por lo tanto, un enigma: El gran desconocido que no nació por falta de escenas sexuales con mujeres, todo lo contrario. Históricamente no se concebía a la mujer como un sujeto sexual, se consideraba que carecía de libido y de interés por tener relaciones, por lo cual un acto sexual sin un hombre era impensable. Dos mujeres no podían tener relaciones entre ellas porque no podían desear tener relaciones. Este tabú y mito sobre las relaciones sáficas dejó una gran huella en el pensamiento popular, afectando incluso a representaciones actuales de las mujeres, que sólo son respetadas si siguen el estereotipo virginal e inocente. El misterio de la sexualidad femenina se ve también mostrado en la falta de escenas de sexo entre mujeres. No en números, sino en muestras reales. Revisando las más de quince obras que analiza la autora, únicamente tres de ellas muestran escenas de sexo que no están nubladas por la perspectiva masculina, que no contienen drogas o alucinaciones y que son ejemplos indiscutibles de lesbianismo e interés sexual o sentimental entre dos mujeres; siendo éstas Lazos Ardientes (1996), Atómica (2017), y Carol (2015). Estas cifras son siniestras y muestran la realidad de los ejemplos existentes de mujeres sáficas en pantalla. Así mismo, la mayoría de los casos existentes reproducen la previamente mencionada perspectiva masculina.

La figura del hombre en las relaciones lesbianas o bisexuales es prevalente, especialmente en lo que se refiere a su intimidad y en muchos casos existen estas escenas de sexo por interés en la recaudación de la película y no como exploración de la intimidad entre dos mujeres. En diversas obras se puede encontrar, al igual que describe la autora, una figura que representa la “conciencia heterosexual” (p. 99) que se interpone en la relación lésbica con el propósito de separarlas. Es menos común que este personaje no lleve la razón y acabe fuera de vista, puesto que, como norma, la imagen que tiene el lesbianismo en estos films es perversa e irreal. La existencia de estas figuras es una justificación del safismo en la película, según dice la autora. Estas figuras son la:

[P]erspectiva dominante en la escena, lo cual demuestra que la subjetividad está depositada en el personaje masculino. Aquí, el voyeurismo se hace evidente a través de la cámara de[l

personaje masculino], que, sin motivo aparente, graba a las chicas. Su aparición mirando la escena lésbica le da sentido y, de alguna manera, la hace posible. (pp. 83-84)

Esta defensa de la mera existencia de las relaciones lesbianas por medio de un personaje masculino no es siempre el caso. Hay muchas cintas que trabajan desde otra perspectiva: el safismo como castigo. La autora habla de los estereotipos de la femme fatale y de la asesina lesbiana y bisexual, quienes mayoritariamente acaban muertas al final del film. Su lesbianismo y su bisexualidad forma parte de su identidad de asesinas perversas y psicópatas. Figuras mostradas en Mujer blanca soltera busca… (1992) o Mulholland Drive (2001) cuyas representaciones presentan obsesión por parte de una mujer sáfica que acaba recurriendo al asesinato por no poder lidiar con los sentimientos de lesbianismo. Sin embargo, el asesinato y la femme fatale no son los únicos enlaces creados con el safismo de sus protagonistas. En muchas cintas estudiadas en el libro de Ribes, las relaciones sentimentales entre mujeres están relacionadas con el descenso al infierno. Éste se puede observar de forma literal con la implicación de entidades sobrenaturales, como es el caso de El Ansia (1983) o Jennifer’s Body (2009); y metafórico, con el uso de la locura y enfermedades o trastornos mentales de la figura sáfica, su uso de drogas o alcohol o su corrupción moral en Criaturas Celestiales (1994), Monster (2003), Cisne Negro (2010) o El asesinato de la familia Borden (Lizzie) (2018).

Existen otros razonamientos que, además de haber sido demostrados por la autora, se emplean en las películas de Hollywood y que complementan las ya definidas: el lesbianismo como forma de narcisismo o sexualidad no desarrollada. Parte de la teoría del desarrollo sexual, en el que las personas se exploran a sí mismas antes de pasar a experimentar con otros individuos. Aquellos que defienden esta creencia mantienen que las mujeres lesbianas y bisexuales no han pasado de la primera etapa de auto-exploración, enfocando su atención en cuerpos similares al suyo. Esta hipótesis también está relacionada con aquella que conecta el safismo con el narcisismo, surge igualmente por un interés en el propio cuerpo y por el propósito de encontrar estos rasgos en otras personas. Estas dañinas teorías se pueden encontrar en varios films tratados por el libro de Ribes del mismo modo que las otras en Mujer blanca soltera busca… y Thelma (2017). La autora marca diferencias entre los films que rompen con estos arquetipos y proponen soluciones y posibles finales felices a las mujeres que anteriormente estaban seguramente condenadas al infierno por su condición de lesbiana y bisexual.

A pesar del esfuerzo continuo de pensadoras feministas y queers, no es poco común encontrar defensas, intencionadas o no, de los argumentos y teorías mostradas a lo largo de la obra. Incluso si no fuese su intención promover estas ideas, el pensamiento colectivo acaba recopilando aquello que ve, lo cual nos lleva al mayor interés personal que ha surgido de este libro: la representación. La tesis realizada por la autora es clara y concisa, tal y como describe ella en la última página del libro: “conseguir un equilibrio que implicaría una normalización” (p. 286). Para alcanzar esta meta, compartida por la mayoría de las personas queers, deberían existir un mayor número de representación LGTIQ+ en el cine y en la televisión.

La existencia de estas figuras complejas y negativas no consistiría en una problemática mayor si existiesen por igual representaciones positivas, pero al no ser así, nos encontramos con una imposibilidad. El resultado es difícil de digerir, encontrando una eterna pelea entre la invisibilización de las relaciones sentimentales entre mujeres por medio de la falta de su representación, y la desfiguración de las sáficas, mostrándose como asesinas y monstruos. Es casi inexistente una imagen de lesbianas y bisexuales positiva, relegando a toda representación del safismo a un segundo plano en el que su único destino es trágico. Queda esta lucha perfectamente descrita por la autora cuando nos dice que su sino se encuentra:

“entre la acción y la inexistencia, entre la ausencia y el exceso” (p.286).

Phoenix GS

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