• diciembre 1, 2021 12:38 am

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

Lola Índigo tatúa su nombre en la historia del Wizink Center

Unas mariposas fruto de la adrenalina impulsan a mis dedos que se deslizan por el teclado, intentando inmortalizar la fugacidad de la música. ¿Cómo son estos bellos animales? Tienen un color rosa chicle, poseen banda sonora propia y revolotean entregadas alrededor de una figura, a la que se podría denominar icono. Esta podría ser una forma metafórica de describir el paso de «La Niña», la gira de Lola Índigo, por el Wizink Center.

Hace dos años los fans que adquirimos las entradas soñamos con un espectáculo digno de diva internacional. Entre medias, la pandemia huracanó este ansiado concierto. La pasada noche, abrimos las puertas del estadio madrileño, y todo estaba ahí, a imagen y semejanza de nuestras mejores expectativas.

Un fenómeno climatológico único se creó tras los muros del Wizink Center. Lola Índigo fue el viento que creó una ola especial, de las que se surfean una vez en la vida. El público se vistió de gala para recibir a la artista con el tan especial color rosa chicle.
Previamente al apagado de luces que desató el huracán, la artista granadina tuvo dos hechiceros de lujo: Roy Borland y Belén Aguilera. Ellos tuvieron como varitas a sus instrumentos musicales de confianza y su super poder fue el de tocar el corazón, desnudándolo y dejándolo a flor de piel para el inicio del show.

Los gritos entusiastas fueron los focos que iluminaron a Lola Índigo. La mirada fija en el horizonte demostrando mucho poder fue su forma de saludar a sus fans. El timbre escolar fue el pistoletazo de salida para «La Niña de la Escuela». Sobre el escenario un multitudinario equipo de bailarines fueron un solo alma, latente de talento para una noche de lujo.

A continuación, llegarían «Culo», «Trendy» y «Mala Cara» para terminar de volar las pelucas del público más exigente. Con sólo cuatro canciones, alguna célula nerviosa de nuestro interior pulsó un botón importante de nuestro cerebro: la de disfrutar de noches que deberían durar toda una vida.

No contenta con habernos hecho volar hasta las nubes como Goku, pisó el freno, tomo las riendas de la noche y nos llevó hacia un paraje muy diferente, donde la paz reinó.

Con sólo una guitarra, canciones como «Cash» o «Cómo te va?» emocionaron. Pero si hay que señalar un tema importante de esta parte del concierto sería, sin lugar a dudas, «La Llorera». Miles de móviles se encendieron, mostrando una constelación de diminutas luciérnagas pero de corazón ardiente.

Minutos después, el himno LGTB, «Killa» tuvo una puesta en escena sensacional, demostrando las distintas formas de amar con pasión y elegancia.

Las brujas de «Akelarre» no podían fallar a una cita tan señalada. La artista acertó con la selección de canciones dibujando un triángulo equilátero perfecto del que «Maldición», «Santería» y «Mujer bruja» fueron sus vértices.

Los mismísimos Lola Bunny y Bugs Bunny hicieron acto de presencia homenajeando el papel de la cantante dentro de la nueva película de «Space Jam». Un guiño divertido que despertó el ambiente nostálgico noventero. Por ello, a continuación, fueron coreadas «Lola Bunny» y «Tamagochi» con una puesta en escena colegial y vistosa.

«La Tirita» junto a Belén Aguilera marcó un momento muy especial en la noche. Pues todos buscamos la complicidad de la amistad en este sencillo. Ellas formaron un equipo ideal sobre las tablas. Aunque, las colaboraciones no acabaron en ese momento. «Nada a nadie» fue conducida junto a tres mujeres poderosas: Alba Reche, Jedet y Ms Nina.

La traca de fin de fiesta fue patrocinada por el adorado «Ya no quiero na». Tal y como empezó el sueño de la granadina, firmó la noche. Aunque, echó una mirada al futuro presentando un tema inédito.

En todo momento, Lola Índigo mantuvo bien imantados los pies al suelo, agradeciendo a su equipo su entrega y dejando claro que son una auténtica familia. A pesar del público multitudinario, consiguió abrazar con sus palabras hasta al oyente situado en la fila más alta del Wizink Center. Demuestra que, con humildad, el camino puede llevarte a conseguir tu sueño.

Tras el paso de las horas, aún conservo la sensación de estar subida en esta montaña rusa llamada «La Niña». Si pudiese hablar con el Dios del Tiempo, le pediría repetir de nuevo la noche del 17 de julio en el Wizink Center.

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