• julio 25, 2021 4:17 am

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

Lola Índigo se define como una artista polifacética en “La Niña”

“La Niña” es un disco que simboliza la subida a la cima de Lola Índigo. Nada parece recordar a su exitoso “primer hijo”: “Akelarre”, salvo la garra y la potencia de cada uno de los temas. Sin duda, es un símbolo de madurez, pero dando la mano a su yo pasado, pues este trabajo está lleno de referencias a su adolescencia.

La primera canción del disco, “La Niña de la Escuela” es sinónimo de “pelotazo”, junto a Tini y Belinda. Si queréis leer nuestra reflexión sobre el sencillo, solo tenéis que entrar en nuestra web.

Tras pasar por “Culo”, otra de las canciones que hemos comentado con anterioridad, desembocamos en “Tamagochi”. Una canción dedicada a este juego que ya es un icono pop, solo podía ser explosiva. El descaro y la personalidad cogen las riendas del sencillo, pasando por una cara colegial al más puro estilo cheerleader y desembocando en un juego de seducción. La mente creadora de Lola Índigo es privilegiada, aúna condimentos de todos los colores y sabores dispares en solo una canción.

La siguiente canción inédita es “Nada a nadie” en colaboración con el ángel de la guarda de la cantante granadina: Mala Rodríguez. Esta relación de complicidad se ve implícita en su maravillosa fusión de matices vocales. Es uno de los sencillos más poperos del disco, con una letra que habla desde el empoderamiento y una claridad digna de agradecer.

“Killa” es una de las canciones más especiales del disco. Con el paso del tiempo estoy segura de que se la podrá denominar “himno”. Con la sencillez de su voz hechizante, visibiliza la bisexualidad. Gracias a estos condimentos conduce a una historia narrada por el impredecible destino, que puede hacer resucitar emociones dormidas. La forma en la que está estructurada mantiene el interés y la intriga por saber el desenlace de esta historia.

A continuación, “Tú & yo” es un juego de timidez con la mecha encendida dispuesta a explotar. La búsqueda del momento idóneo para dar un paso al frente hace resaltar los pequeños detalles de la seducción.

“La Llorera” es el núcleo central del disco que demuestra que Lola Índigo es mucho más que una cantante para dejarse llevar con el baile. La oscuridad es combatida con unos agudos acogedores y delicados.

La evolución queda rematada con “CA$H” tan indefinible como bailable. Comienza con aires de bolero firmados por Lyanno y dispara a puerta con puentes extravagantemente adictivos.

Por último, “No se qué decir” junto a Roy Borland es una suma de pensamientos desesperados pero latidos por un sentimiento enamorado. El ritmo latino y tropical es defendido con soltura y sabiduría.

Tener “La Niña” en brazos no es solo una auténtica obra de ingeniería visual con sus fotografías bien trabajadas, sino también es tener una apuesta fuerte por conseguir el título de disco del año. Es una cara más del infinito dado que define a Lola Índigo. No da pie a compararlo con “Akelarre” puesto que poco tiene que ver. El rojo combativo da paso a que el rosa chicle, para que luche a su manera con ritmos pegadizos, pero agradablemente poperos. Un acierto, sin duda.

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