• septiembre 24, 2020 5:21 pm

Maldita Nerea, hace vibrar a un Wizink Center entregado.

Volver a casa en sentido figurado significa volver al Wizink Center. En este lugar, muchos sueños se me han cumplido y siempre considero que puede pasar cualquier cosa.  ¿La meta cumplida esta vez? Volver a pisarlo en mitad de una pandemia mundial y que se convierta en oasis de problemas y motivo de celebración de vida. Los anfitriones como no podría ser de otra manera, Maldita Nerea. La voz de Jorge Ruíz es el sonido que pone banda sonora a mis recuerdos más antiguos, refugio y festín a partes iguales durante mis veinte años de vida.

Con la humildad de siempre, un directo más íntimo, con guitarra, piano y batería fue el protagonista. Las canciones en acústico fueron como una flecha, directas al centro del corazón. ¡Qué bonita manera de empezar con “Mira dentro”! Una canción tatuada en la piel de toda buena tortuga. Caudal de emociones que desembocó en un mar de fuerza como “¿No podríamos ser agua?”.

Canciones de amor y amistad siguieron a tales himnos. La definición perfecta de un grupo que se adapta a todas las circunstancias posibles y siempre brilla con la verdad por bandera como “Extraordinario”. Además de “No pide tanto idiota” a la que antecedió la anécdota de que casualmente durante la pandemia ha aumentado sus números de streaming. Cada cual que reflexione sobre ello.

Un mar de ilusiones hizo navegar a todo el fan agolpado en la pista del Wizink Center que hizo encender las luces de sus móviles para elaborar un recuerdo que en el futuro nos dibujará una sonrisa. Las culpables fueron “A quien quiera escuchar” y “En el mundo genial de las cosas que dices”.

El poder mágico que supone una carrera tan larga supone hacer levantar a un público haciéndole bailar, además de por otro lado hacer derramar lágrimas de emoción. A piano y voz, “La respuesta no es la huída” y “Por el miedo a equivocarnos” establecieron la paz e hicieron temblar las pieles de los asistentes.

Ser tortuga (fan del grupo), es un estilo de vida. El tiempo, parece no tocar a un público que cada vez es más numeroso con una mezcla de generaciones impresionante. “El secreto de las tortugas”, aunque falto del ritual tradicional de todos los directos, era imprescindible para una noche tan especial.

Tras un paseo por “las calles de Madrid” como bien dice “Tu mirada me hace grande” llegó el momento de la despedida. “Un planeta llamado nosotros”, la traca final.

La vida no es vida si Maldita Nerea no pone voz. La niña que cuando tenía diez años se compró su primer disco llamado “Fácil” anoche salió muy feliz ya siendo una mujer. Siempre con ganas de repetir.

Eternamente tortuga.

De nuevo aplaudir a una organización ejemplar y valiente, que demostró que disfrutar de la cultura es un rito más que seguro.

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