• septiembre 19, 2021 10:50 pm

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

Rozalén estaciona su tren vitalista en el Wizink Center de Madrid

Dicen que Madrid es el lugar donde todos los caminos convergen. Los raíles de las vías de los trenes de los artistas se encuentran con su público en el Wizink Center. Rozalén aterrizó con su ferrocarril vitalista el pasado 8 de julio en este mítico recinto.

Desde este particular vehículo hizo viajar a su público por diversos parajes interconectados con maestría. Pero, antes de saltar al escenario, hubo una parada previa. Esta estación podría llevar el nombre de “Futuro”. La joven prometedora cantautora, Valeria Castro cautivó a los presentes. Su guitarra y su deje canario folklórico pero innovador, fueron sus principales armas.

La intérprete de lengua de signos, Beatriz Romero fue la particular voz de la estación principal que, como si estuviera en megafonía, dió el pistoletazo de salida. La multiculturalidad fue un elemento indispensable desde el primer momento, dando la bienvenida al público en diversos idiomas. Como no podría ser de otra manera, “Este tren” descorrió el telón del espectáculo.

Una vez en marcha y con el tren silbando por su chimenea, Rozalén mostró su lado más humano, emocionándose encima de las tablas. Los tiempos pandémicos han hecho más puros el encuentro de los artistas con su público y este concierto no podría ser menos.

La importancia de la conciencia histórica fue un andén de obligatorio tránsito gracias a dos auténticas crónicas periodísticas hechas canción. “La línea” abrió la brecha de la emigración, mostrando la igualdad entre pueblos. Tras unos versos fruto de la sabiduría de Miguel Hernández, “Justo” abrió la senda de otra de las heridas más importantes del pueblo español: los fallecidos de la Guerra Civil. Hay que destacar la riqueza sonora de ambos temas, siendo palpable cada pisada de los protagonistas.

Continuando el viaje por la historia, la artista llegó hasta el vírico 2020. “La distancia” junto a Macaco y “Aves Enjauladas”, nos hizo reflexionar sobre la falta que ha hecho la música en directo y el aprendizaje vital del pasado año. Alguna que otra gota cayó de los ojos de los fans.

No hay Rozalén sin grito de guerra y muestra de fortaleza. La artista sabe abrir la jaula del empoderamiento femenino con sus versos. Pero antes de marcar con uñas y dientes las verdades tan acertadas de “Loba”, sorprendió colaborando con Recientes. Con ellos rememoró sus tiempos de versiones en bares recónditos gracias a “¡Ay! Dolores”. El Wizink Center es un lugar en el que los sueños se cumplen y Rozalén logró el suyo con este dueto.

Pasar por un túnel no significa que el sol no aguarde fuera. Rozalén mostró la realidad social en la que vivimos, pero también dió pie a la gracia y a los carnavales de colores en su siguiente estación. Temas como el galardonado “Que no, que no” o “Amiga” dedicada a su compañera de escenario, Beatriz Romero, construyeron un arcoiris de positivismo que envolvió el estadio como si de una bóveda artiquitectónica se tratase.

Antes de terminar, atravesó con sus dulces raíles los corazones de los presentes con dos pesos pesados. “Vuelves” y “Comiéndote a besos” crearon una constelación de linternas que bailó al son de la albaceteña.” Y buscamos” en sus letras el sentido de nuestras vidas y nos vimos reflejados como si de un espejo se tratase.

Todo viaje tiene un momento en el que poder respirar profundamente y celebrar la vida. En este concierto “La puerta violeta” junto a Valeria Castro y “Girasoles” fueron un espectacular cierre.

Rozalén es la vida hecha canción. Un altavoz para las injusticias pero también un sol del que disfrutar cuando el viento sopla a nuestro favor. Podría describirla con muchos adjetivos, pero solo puedo decir que hay que vivirla en directo.

Gracias Rozalén por ser grande y maestra tanto de la composición como del espectáculo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *