• noviembre 30, 2020 2:43 am

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

“Únicas” de Cadena Dial, un recuerdo para siempre lleno de poder. Hay que vivirlo.

Hay una cosa que no me puede gustar más en el mundo, y es una gran voz engalanada para una noche única. Cadena Dial, una vez más ejerció de casa de sueños, el de volver a tocar el cielo de la fría noche de Madrid de mano de la música. El pasado 20 de noviembre, vivimos una noche única, nunca mejor dicho, ya que el festival “Únicas” pisó el Teatro Colisieum donde diez grandes voces femeninas nos hicieron ser conscientes de que el arte de este país no tiene límite alguno.

Los ojos de las cantantes se convirtieron en cristal, que reflejaban una alegría simultánea entre el público y las personas encima del escenario. Lágrimas que saben a vida de esta particular vuelta a la rutina del arte. Ojalá el virus no nos separe más de uno de los principales tesoros del ser humano, la música en directo.

La alfombra roja se extendió de mano de uno de los grupos con más historia de nuestra música, La Oreja de Van Gogh, que,  capitaneados por Leire Martínez aparecieron en escena. Aires del norte, llegaron de la sutileza de los vascos, que comenzaron con un golpe de realidad a modo de regalo “Sirenas”, que desde la pureza nos cuentan tiempos oscuros de su tierra. Una carta de presentación sublime. La música acoge en un abrazo gigante que te reactiva hasta el último nervio del cuerpo, “Abrázame” se hizo más gigante si cabe en directo. “Con una mirada” donde Xabi Martínez cobra protagonismo, fue su despedida. Sin duda, no dudaremos en asistir a su vuelta a los escenarios tras tres años de silencio con este “Susurro en la tormenta”. Querido 2021, llega ya.

Con una nube de felicidad máxima acompañada por un visible sueño cumplido, que estoy segura de que nos dará mucho que hablar, llegó una embarazada Edurne.

La música en acústico siempre he dicho que adquiere más verdad, como un dardo en el centro del corazón. Así pasó con “Demasiado tarde”, que al desnudo, diseccionó corazones. Cupido, no quiso perderse tal importante concierto y quiso dar señas de su presencia con una preciosísima dedicatoria de Edurne a su chico en “Tal vez”. No hace falta hablar para mostrar la felicidad, que a todos nos hizo el alma más frágil. “Amores dormidos”, me transportó a mi infancia, donde aquella niña comenzó a jugar con la que hoy sería su gran amiga, la música.

Edurne no se bajó del escenario para recibir a su gran amiga Belén Aguilera. Ambas nos sedujeron con una versión de “Jaque al rey” donde desprendieron poder. Por segunda vez, disfruto en directo de ambas fundidas en un solo tema, y siempre me dan ganas de gritar al cielo para darle las gracias por momentos así y dejarle mi peluca en ofrenda.

Todos los que no supiesen del nombre de Aguilera la noche del pasado viernes no lo olvidarán jamás tras haber escuchado “Mía”, dónde el alma interior sale al piano para expresar lo más profundo de su interior. Ojalá nos hubiese regalado un tercer tema…

La revolución Rodríguez apareció sobre el escenario, con una sonrisa inmortal en los labios. Ella, desata pasiones allá por donde va debido a su gran trabajo. He de decir que la vida que desprende con su pasión y su cercanía con el público siempre hace saltar de alegría a mi corazón que se descontrola ante las notas de su guitarra. “No vuelvas” y “Dos extraños en la ciudad” dulcificaron la velada. La parte más emocionante la puso la vuelta de tuerca a “Desperté”, más balada que nunca, muestra que da igual la forma y el ritmo para que la gallega consiga el 10.

Marta Soto fue la encargada de tomar el relevo, siguiendo la subida hasta la cima de los directos con un clásico de su repertorio “Entre otros cien”. Tras mecernos en los brazos de “Quiero verte”, llegó la explosión de amor en “Volvería”. Ganas de ver lo que nos trae la andaluza en el año 2021.

La versatilidad, la raza y el talento de labrar su voz por eternos adornos llegaron con India Martínez. La cordobesa nos deleitó con “Conmigo”, su más reciente éxito “Convénceme” y “Gitana” donde se atrevió a sentarse encima del cajón flamenco para completar su actuación.

Una artista en pleno proceso, como es María Parrado, dejó su esencia caminando por el escenario. “Tarde” y “No creo en nada” traspasaron la barrera de las mascarillas para hacer al público cantar. Pero, Parrado venía con un regalo bajo el brazo, un tema inédito, “Pequeñita”, compuesta junto a Gonzalo Hermida. La madurez que tiene sobre las tablas es impresionante.

Hay una artista en nuestro panorama, que siempre que llega al escenario, trae con ella una nube de magia, ella es Rozalén y estoy segura de que es hechicera, donde la humildad y el carisma es su mejor fuerte. Nos subimos a su tren, subimos hasta la cima para buscar la esencia de nosotros mismos y bailamos con “El paso del tiempo”. La fusión de un alma en dos cuerpos, donde la manchega y su intérprete de lengua signos, Bea, es el secreto de la felicidad de su público. Son espectáculo puro y duro.

La noche iba llegando a su fin, y Ana Guerra tejió sonrisas desde el escenario para ser lanzadas al público. “Tarde o temprano” y “Ni la hora” culpables. Aunque, mi momento favorito fue cuando se sentó al piano para cantar el que para mi es su mejor tema, “Despierta”.

La música me ha enseñado que por más vueltas que de el mundo, ella no cambia y mantiene los mismos sentimientos del pasado. Esos que un día se pusieron en pie para aplaudir a una de las mejores voces de nuestro país, Pastora Soler. La sevillana es la perfección, que hace lo que quiere con el micrófono con notas interminables. No podía existir mejor forma de terminar la noche que son semejante figura histórica.

¿Una última reflexión de esta noche? La verdad que es difícil. Hay que vivirla, hay que meterse en esa olla a presión de sentimientos… Espero haber transmitido, aunque sea la mitad de lo que sentí el pasado viernes. Mi mente se quedó allí y vivirá de este recuerdo mucho tiempo.

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