“Adiós”, la nueva película de Paco Cabezas con un toque hollywoodense.

Si hay algo que le gusta a cualquier alumno de periodismo de la Universidad Complutense de Madrid son los preestrenos de todo tipo de películas en la facultad. El pasado 19 de noviembre, le llegó el turno a “Adiós”, protagonizada por Mario Casas y dirigida por Paco Cabezas, con el que tuvimos el privilegio de contar con su presencia. 

Ambientada en una familia del conocido barrio de las 3000 viviendas sevillano, tras la comunión de la hija, muere y su padre, en tercer grado, decide tomarse la justicia por su cuenta. 

Yo, que no me considero una amante fiel de las películas de acción, me he metido de lleno en esta ocasión, pues es muy fácil adentrarse en este mundo. Sí, ya lo he dicho en el titular, tiene un sabor muy hollywoodense, pero está tratada de una manera mucho más elegante que las americanas, pues no se muestra la violencia de una manera explícita o sensacionalista. 

Empecemos por los factores externos, la música, sin duda elemento esencial para enganchar al público, basado únicamente en el flamenco, con voces reconocidas como Rosalía o Morente. Aporta ese toque de tristeza, e incluso de misterio, tensión en el espectador y una cierta incomodidad por saber que va a pasar. 

La historia, en un momento dado puede parecer que ya la hemos visto en otros largometrajes, pero es ese giro argumental de mediados de la película lo que la hace diferente y te hace replantearte (incluso en la vida real), si los malos son tan malos, y los buenos tan buenos. 

Sin duda, Mario Casas está espléndido en su papel, pero me veo fascinada por el papel de Natalia de Molina y Mona Martínez, ambas madres, al más puro estilo García Lorca, tal y como las describió el propio director en el posterior coloquio al visionado dispuestas a hacer todo por sus hijos. Quizá echo de menos saber más del personaje interpretado por esta última. No olvidar también a Ruth Díaz, polícia completamente adentrada en un mundo extremadamente machista.

Es una película cargada de un alto simbolismo, por lo que realmente la acción queda relegada a un segundo plano, haciéndola mucho más interesante, más conmovedora.

Sí, soy una persona un poco alérgica a disparos y peleas, pero algo importante, es su toque de humor constante en las escenas más duras. Mi aplauso. 

¿Mi nota? Un 7/10, merece la pena.

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