• diciembre 8, 2021 2:41 pm

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

(Crítica) «El Sustituto» : La realidad de un error social

Las películas son un instrumento esencial para la vida social del ser humano. Estas buscan en el fondo del cajón aquellos asuntos que los gobiernos desean echar a la trituradora de papel para sacar los restos por la puerta de atrás.

El cine español tiene la valentía de dar vida a los tabús. Llevando por bandera este hecho, consiguen hacer un acto educativo de vital importancia para la sociedad. Este es el caso de «El Sustituto» la película dirigida por Óscar Aibar y protagonizada por Ricardo Gómez y Vicky Luengo, disponible en la gran pantalla desde este viernes.

La temática de la película no es nada fácil, pues relata la tranquila vida de los nazis exiliados en España tras el fin de la Segunda Guerra Mundial gracias al amparo de la dictadura de Franco y el posterior silencio de la democracia. Un joven policía llegará hasta ellos siguiendo los pasos de un extraño asesinato.

La película parte de un brillante trabajo actoral de ambos protagonistas. Por su parte, Ricardo Gómez encarna a un policía poco expresivo pero que, con su timidez y un profundo mundo interior consigue conectar con el público. Mientras que Vicky Gómez es todo lo contrario, una mujer médico adelantada a su época que desafía a los cánones machistas para alcanzar sus metas laborales.

Denia es un destino turístico caracterizado por el sol y la playa. Sin embargo, su director ha conseguido una fotografía única, plasmando una oscuridad que queda como anillo al dedo a la historia. Ni la triste historia, ni la ciudad pierden su esencia.

Además, un filtro polvoriento invade las escenas, evocando a las películas de los años setenta y ochenta. El vestuario y la ambientación ayudan también a que este detalle sea especial y brillante.

A pesar de que la película cuenta con figuras típicas en las películas policiacas, como por ejemplo, el caso de un policía serio y otro algo torpe, siempre busca una forma original y personal de narrar los hechos. Nunca cae en la comedia y no pierde las riendas de la seriedad.

La película hace reflexionar sobre la circularidad de la historia. Pues hace menos de cuatro décadas, asesinos de la Segunda Guerra Mundial se paseaban por nuestras costas sin ningún tipo de preocupación. Además, condena constantemente el silencio y la colaboración de las instituciones democráticas españolas. ¿Quiénes son realmente los cuerpos de seguridad?, ¿De quién obedecen órdenes? Son algunos de los interrogantes que se abren tras el visionado de la película, mientras la rabia invade el cuerpo del espectador.

A pesar de que la película esté ambientada en los años 80, cierra con un salto temporal a la actualidad, en el que muestra los carteles de la ultraderecha pegados por las paredes de nuestras calles. El ser humano es desgraciadamente el único animal capaz de tropezar con la misma piedra dos veces.

Fueron muchas las personas que sufrieron por la presencia de estos monstruos por las calles y la película sabe respetarlo. Por ello no cae en el excesivo uso de los efectos especiales ni en un derroche innecesario de sangre.

Y el final… ¡Qué final señores! Con tan solo una frase y una mirada, desencaja por completo la mandíbula.

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