Crítica: La Dama y el Vagabundo: Entretenida, pero nada del otro mundo.

La racha de live actions de Disney sigue en pleno apogeo. Mientras esperamos al estreno de Mulán, Disney Plus recoge uno exclusivo de la plataforma, el cual no ha pasado por la gran pantalla: La Dama y el Vagabundo. Fue estrenada a finales del 2019, y por fin este 2020 ha llegado a Europa.

Todos sabemos que los clásicos de Disney tienen ese tinte dramático, alguien siempre acababa mal… Pero esta nueva versión, está vista desde un punto más inocente que la de 1955, cambiando en ocasiones el argumento. He de decir que bajo mi punto de vista pierde bastante emoción si lo comparamos con el clásico, ejemplo de ello es la escena final, cuando Golfo es arrestado por el perrero.

Los personajes están escogidos a la perfección, siendo un reflejo perfecto de la película animada. Quizá los más cambiados son Golfo y Jock (Jackie en la de 2019). El perro vagabundo, que tiene un aspecto acorde a ello por el contrario que la original que parecía acabar de darse un baño. Por su lado Jackie cambia de género, siendo más acertado, pues colabora más al punto cómico.

Pero, al igual que pasó en la adaptación de El Rey León, optar por esa gran fidelidad resta credibilidad, pues la gesticulación de los perros no da de si para parecer que hablan. Pero habrá que dejar volar nuestra imaginación.

Desde el comienzo de la película, mi cabeza no parada de preguntarse sobre que pasaría con la famosa escena del Castor que colabora para que Reina pueda quitarse el bozal. Aunque como ya he dicho anteriormente la factoría está optando por la precisión absoluta. Obvio que esta escena hubiese quedado muy surrealista pero me parece un punto a favor que lo hayan querido mantener utilizando una estatua con forma de este animal.

La ideología de Disney está evolucionando a pasos agigantados en estas últimas películas y en esta ocasión podemos ver a personajes de color en sustitución de algunos de los protagonistas.

Los humanos no tienen ningún tipo de protagonismo, tampoco lo tenían en la original, pero creo que cumplen con ese cometido: el tontorrón Jaimito, Linda con gran carácter o el obsesionado, y algo loco del perrero.

Los que quizá echo de menos son a la tía Sara y a sus gatos siameses, que están metidos a la fuerza en el guión.

Me parece un punto positivo, fuera de lo que es la crítica de lo que es la película, que se promueva a la adopción, pues gran parte del elenco fueron acogidos de perreras de los Estados Unidos y adoptados por los trabajadores del film. Como es el caso de Golfo que tras dos años vagando por las calles de Nuevo México, no dudaron ni un segundo en abrirle las puertas de Hollywood.

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