• mayo 29, 2022 12:32 am

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

Malú reclama su trono como Reina del Pop Español en el Wizink Center

Mil Batallas Wizink Center

Las luces se apagan, quedando en tablas con el minutero del reloj tras disputar una carrera por ver quién es el más rápido en llegar a la puntualidad plena. El corazón se desboca, las 12 horas de espera y el calor no pesan, las lágrimas nerviosas se asoman a los ojos ilusionados y de pronto sientes que hasta la piel que recubre las orejas puede ponerse de gallina.

Esta es la mejor definición que se me ocurre para contaros lo que sentí en los instantes previos al regreso de Malú a los escenarios con su «Mil Batallas Tour» en el Wizink Center. Los casi cuatro años de espera, han merecido la pena, puesto que la artista está más radiante que nunca.

Malú es una artista que se caracteriza por las sorpresas. Tras un rockero comienzo que provocó que los espectadores dibujasen con sus manos los característicos cuernos, un mar, sí, sí, mar literal, se abrió en mitad de la nada para recibir a «Ingobernable». La artista se definió a si misma, arropada por más de 10.000 personas, mientras que una increíble fuente dejaba boquiabierto a más de uno.

«Abran Fuego» y «Contradicción» fueron el telón previo a que la cantante gritase un enérgico «buenas noches Madrid». Los vítores continuos de los maluleros dejaron claro que la cantante no va a caminar sola durante esta nueva etapa.

Tras un breve repaso a su disco «Sí» y cantar uno de los temas más esperados de la noche, «Deshielo», la cantante arrancó la máquina del tiempo para buscar auténticos temazos que llevaban giras sin pisar el suelo de los escenarios. «Duele», «Eres el agua» o «Si a esto le llamas amor» , dejaron claro que, por mucho que pasen los años, seguirán desatando nudos emocionales con sus acordes.

Minutos más tarde, «Secreto a voces» y «Quiero», pusieron una chispa eléctrica que tardaría minutos en regresar. El concierto desembocó en un camino intimista con «Vete», «Todos los secretos» y «Devuélveme la vida». La artista con su indudable magia, pareció eliminar la grandeza física del momento para apostar por la simbólica, mirando con sinceridad cara a cara, a sus fans.

La performance regresó de la mano de «Invisible». Malú se acercó, con su felino paso, a su acuática creación, en el corazón de la pista, para fundirse con ella en un magnífico juego de miradas. El milagro, consistente en dejar sin palabras que expresasen el momento al espectador, estaba hecho.

Tras un encendido multitudinario de las luciérnagas de los dispositivos móviles en «Vuelvo a verte», el concierto encauzó su recta final con «Tejiendo alas» y «Aprendiz», en un bello paralelismo de latidos emocionales.

Posteriormente, «Blanco y negro» volvió a tener su tradicional lluvia de globos, dejando un paisaje grabado a fuego en las retinas de todos.
Una gira más, «Como una flor» fue la traca de fin de fiestas. Malú se bañó en una colorida explosión de confeti, mientras que recibió todo el amor de los asistentes con sus aplausos.

Horas después del final, la mandíbula me sigue doliendo de tanto sonreír. Supongo que la mejor definición del fenómeno fan, son los hoyuelos marcados que simbolizan una burbuja de felicidad difícil de explotar. No quiero salir de este estado emocional.

La artista ha vuelto, renovada pero manteniendo inmortales los sentimientos que es capaz de ocasionar.
Gracias Malú, gracias Jefa, el Wizink Center siempre será tu Palacio.

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