• enero 28, 2022 11:27 pm

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

Dani Martín catapulta nuestra adrenalina hasta el cielo del Wizink Center

Dani Martín Wizink Center

Se llama paralelo a una línea imaginaria que traza un surco en mitad del planeta tierra. Este une puntos muy diferentes entre sí, los cuales hacen suyo cada trocito de este fenómeno intangible. Así es la música, un fenómeno sobrenatural con propiedades mágicas que divide nuestro eje cronológico. Cada etapa vital reinterpreta las canciones. Escucharlas tras el paso de los años, es viajar al pasado.

La pandemia ha servido para dar la razón al dicho que dictamina que todo lo bueno se hace esperar. Hace dos años los fans de Dani Martín esperábamos una interminable cola virtual para comprar las entradas del paso de su nueva gira por el Wizink Center. Ayer por fin llegó el día, tras dos días previos con el cartel de “no quedan entradas” en la puerta del estadio. Los nervios contenidos de los asistentes salieron a saludar al cantante en forma de lágrimas de felicidad.

Con una solemne elegancia, las luces tenues apuntaron a la estrella de la noche. Martín al filo de la pasarela que le unió con su público durante toda la noche, empezó su show con “La Suerte de mi Vida”. Desde un primer momento, fuimos conscientes de que iba a ser una noche difícil de olvidar.

A continuación, las potentes guitarras eléctricas se convirtieron el faro indicador de un puerto de carga y descarga. Hablo de un lugar simbólico, donde quitarse de encima el cansancio del día a día a base de una sobrecarga de la adrenalina más exquisita del panorama musical. ¿Las culpables? “Volverá” y “Son sueños”.

Dani Martín Wizink Center

Hubo oasis donde cerrar los ojos tranquilamente mientras el cantante mecía a su público entre sus brazos, como narrador que es de gran parte de las vidas de las 12.000 personas presentes. Celebramos la existencia humana con “Que bonita la vida” y el amor con “Mi Teatro”.

Pocas canciones después, una galaxia de pequeñas estrellas tuvo su “Big Bang” en “Qué Se Mueran de Envidia”, dejando una postal que pasará a la historia, tatuada en las mentes de todos los presentes.

Tras cantar la canción que ha introducido esta nueva de la carrera musical del cantante madrileño, “No, no vuelve”, llegó “Cómo me gustaría contarte”. De nuevo, un inteligente juego de luces y pantallas iluminaron la escena, resaltando la importancia de tal emotivo mensaje por encima de la imagen del cantante. Directa y sin filtros se estrelló en el centro del corazón.

A continuación, incrementó de nuevo las pulsaciones de los espectadores con “Ya nada volverá a ser como antes” y “Una foto en blanco y negro”. Este río de rebelde y canalla caudal desembocó en “La Mentira” y “Los huesos” sacando a bailar hasta a mis arrítmicos pies.

Como un vuelo fugaz, las dos horas de concierto se pasaron en un visto y no visto. Las canciones que ejercieron como maestras de ceremonias cerrando el telón fueron dos auténticos himnos: “Zapatillas”, cuyos acordes iniciales provocaron que el estadio se viniese abajo con un potente coreo e “Insoportable”.

Hoy, si miran a las nubes encontrarán nuestra adrenalina. Creo que se quedó incrustada en alguna parte del barrio madrileño de O´Donnel. Desde una posición tan alta, el mundo se ve mucho mejor. ¡Qué bonita la vida!

Permítanme una licencia, les prometo que intentaré que no se repita. Pero, querido Dani, eres la hostia.

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