• noviembre 30, 2021 10:05 am

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

El verano que vivimos y el poder de la mujer.

Como hemos resaltado en anteriores ocasiones, “El verano que vivimos” ha sido la película que más nos ha conquistado durante el comienzo de este 2021. Esta, es una fuente de inspiración infinita, ya sea en el ámbito de la construcción de las diversas tramas en el que el color y los escenarios juegan un papel fundamental o debido a la calidad de su elenco.

Precisamente, la trama está empujada por mujeres, fuertes y con mentalidades muy diferentes. Tras haber visitado las salas de cine en un total de dos ocasiones, claramente, me evoca a una influencia lorquiana y si tengo que elegir una obra, sin duda sería, “La casa de Bernarda Alba”.

El escenario, es una casa típica andaluza, que, si establecemos un paralelismo, es la cárcel de oro de las inquilinas, donde todos los problemas circulan en sentido de las agujas del reloj, sin vía de escape, como un patio con todas las puertas cerradas.

La principal representante de la época en la que se desarrolla la historia es la madre de la protagonista. Su principal preocupación es la apariencia y el miedo al qué dirán por encima de la felicidad de su propia hija. Un amor un tanto dudoso que la lleva a ser la villana de la película que lleva como capa el franquismo.

En segundo lugar, tenemos a Adela (María Pedraza), cuyo pensamiento se ve crucificado al igual que miles de mujeres inocentes con ansias de libertad durante los años 50 españoles. Muere con todas las consecuencias, y luchando siempre por salir de esas cuatro paredes que la apresan y el tutelaje de su hermano. Representa la pureza de la juventud.

La joya de la corona, sin duda es Lucía (Blanca Suárez), con su interpretación nos transmite su sensibilidad y la corriente de sentimientos que la invaden, sus familiares tejen un muro infranqueable, pero no por ello, consiguen que el agua llena de amor se estanque. Con el tiempo, consigue tener el poder ganado a base de esfuerzo y trabajo en el campo. Un personaje de ojos cristalinos y claramente inspirador.

La narradora de la historia es Guiomar Puerta y su personaje Isabel. Su inquietud no tiene límites, pone patas arriba una redacción con tal de llegar al corazón de historia. Engancha por su carisma y su buen hacer periodístico.

Una auténtica maravilla.

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