• septiembre 26, 2020 6:07 am

Julia Medina conquista Madrid por segunda noche en la sala Galileo Galilei.

Madrid, siempre acoge con los brazos abiertos a todo aquel que lleve en su nombre el talento. Julia no solo es talento, es alma y nos dejó claro que este solo es el inicio de todo, que la queda mucha trayectoria por delante. Anoche, Julia Medina, actuó por segundo día consecutivo en la sala Galileo Galilei, que colgó el cartel de no quedan entradas en su llegada.

¿Hay alguna forma mejor para comenzar que con una buena carta de presentación? Cuando sonaron los primeros acordes de “Dime”, los asistentes ya habían formado un alma común, mezcla de ganas de pasarlo bien con la emoción contenida de tener a tal voz delante. El bello de punta, pues cuando Madrid canta, ya se puede parar el mundo.

Mientras que la guitarra se tomaba un respiro para continuar con una noche de montaña rusa, Julia salió a jugar, con los ojos brillantes de un niño que acaba de estrenar su nuevo juguete, para dar una alegría a los más nostálgicos de Operación Triunfo versionando a Rozalén y Estopa con “Vivir”.

Tras conocer un poquito más la historia de “La inseguridad”, Julia hizo galante de sus tablas en el escenario, para suplir con el mayor sentido del humor los fallos de sonido de la guitarra. He ahí la grandeza de un artista, que sabe conectar con su público, creando espectáculo de un error y que la gente no lo eche en falta. Chapó.

“Mi historia entre tus dedos”, no podía fallar en una noche tan importante como la de anoche, aunque algo huérfana por la ausencia de Carlos Right, el público fue el mejor compañero con el que cantar a dúo tal himno.

Seguir descubriendo a esta artista que me robó la razón en el comienzo de OT, es uno de mis grandes objetivos como fan de la música, y claro si ella suelta una canción nueva en mitad del concierto, sin que te lo esperes, es inevitable que se te haga la boca agua. Desde la pureza de siempre y la dulzura que envuelve todos sus temas, nos puso en nuestras manos un tema que habla de un amor imposible. (Julia sácalo, ¿eh?).

Todo un maestro de maestros, apareció sobre las tablas de la Galileo Galilei, Pedro Guerra que la acompañó en “Sálvate de ti”. Momento épico, con ese tocar de guitarra tan especial y una unión de voces perfecta.

De estrella en estrella, su gran amiga, Marta Soto la arropó compartiendo uno de sus grandes himnos, “Entre otros cien” como ya lo hicieron en la reedición de su disco. Curiosa la mezcla, una acaricia almas, la otra araña corazones (en el buen sentido de la palabra) hasta que sus sentimientos terminan siendo los tuyos.

Todos los presentes hubiésemos deseado que la noche hubiese sido eterna, pero por desgracia lo bueno acaba y tras que “La Respuesta” tocase sus últimos acordes, lo hicimos saber a la artista, que dijo adiós dos canciones más.

Terminar con una gran traca final fue su lema. Todos sacamos nuestro lado más canalla para acompañar a “No me despedí” que tuvo una compañera de baile muy especial, Alba Reche, que recibió una gran ovación.

Generando una energía única, terminando (aún más si cabe) tal y como habíamos empezado “Dime”, fue el momento para dejarse la voz.

Se al cien por cien, que este no será mi último baile junto a Julia Medina. Creo firmemente en aquellos artistas que son amados a partes iguales tanto por su voz como por ganarse la simpatía de su público, aquellos con los que te encantaría pasar una tarde de risas. Si te gustó en el disco, en directo, su voz termina por hechizarte, acoge y abraza. Venga, aprovecha que está de gira, luego no digas que no te avisé.

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