OT GALA 10: El programa se reencuentra con su público tras dos meses de parón.

La vuelta de Operación Triunfo siempre es motivo de alegría y más después de este parón que nos pilló a todos desprevenidos por el Covid-19. Pegada desde el primer momento a la televisión con la ilusión similar a lo que supone una gala 0, no falté a la cita. Tengo que resaltar que este nuevo asalto estuvo a la altura del regreso, pero los favoritos tuvieron unas actuaciones algo desdibujadas.

Por fin los concursantes hicieron justicia a una canción grupal, “Con una sonrisa” de la exjurado Ana Torroja. Se notaba la pisada llena de energía por volver a su casa.

El encargado de abrir la gala fue Hugo, que tirando de carisma y bordando un rap de lo más complicado, consiguió cruzar la pasarela sin preocupaciones, tras ser elegido por el público para continuar en la academia. Eso sí, el baile no fue ni mucho menos para tanto. Señores del jurado, dejen de exigir mucho a unos concursantes y a otros con casi nada subirles hasta las nubes.

Gèrard, fue el siguiente nominado en actuar. Aunque mostró que es un músico de lo más polifacético, con esa vena sensual acompañada por su voz rota, me faltó algo más. No merecía marcharse.

Nia, volvió a lo que nos tenía acostumbrados, en resumen, a volarnos la peluca mientras canta como los ángeles y mueve de manera innata las caderas. Además, estuvo acompañada por Roberto Leal, y sí, lo siento, pero es una iniciativa que hubiese quitado, siendo pasto de meme.

Sin duda, Bruno, fue de los más flojos de la gala, muy a mi pesar, mereciendo la nominación. Dentro de su estilo, brilló, pero no lo suficiente como para ser estrella en la constelación de actuaciones.

Los nervios traicionaron a Samantha, pues la tensión estaba alta teniendo a la intérprete de su canción delante, Natalia Jiménez. Pienso que la canción le venía como anillo al dedo, pero se quedó a medio camino con algunos desajustes.

La diva de la noche fue Anaju, con un tema de Rihana que me dejó KO. Mirada desafiante y pisada fuerte, ¡Numerazo!

El turno le llegó a Eva, que aunque algo comedida, logró recuperar gran parte de los destellos de aquella concursante que levantó pasiones en los primeros programas.

Maialen bordó su “Sargento de hierro” rompiéndose y poniendo su verdad sobre la mesa. Tiene un futuro prometedor sin duda.

La voz de Flavio es indiscutible, puede llevarnos a los cielos, pero le faltó la rabia que le pedían los profesores durante la semana, lo que le costó la nominación.

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