• diciembre 3, 2020 8:34 pm

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

Pablo López, crea un universo en el Wizink Center.

La historia de mi vida, prácticamente se puede leer a través de las canciones de Pablo López. Cada día, la tinta mágica que envuelve sus obras acoge a más gente como refugio de la lluvia que provoca la vida y como lugar de celebración y alegría. Un orgullo que con cada año que pasa, siga creciendo como persona viendo como más públicos se congrega al lado de su piano, mi amor como fan sigue intacto como el primer día.

Sin duda, esto se debe a conciertos como el de anoche. Esos que dejan huella y marcan un antes y un después. El lugar no podía ser otro que un Wizink Center adaptado a las medidas correspondientes a la crisis del Covid-19, que, con gran responsabilidad y seguridad, acogió las locuras del malagueño el pasado 16 de septiembre.

Como estrella, dispuesta a ser satélite esa noche y que todos girásemos en torno a su genialidad, apareció entre el público. “Hoy puede ser un gran día”, abrió la velada y a pesar de que la fiesta solo acababa de empezar, ya estábamos seguros de que iba a ser una gran fecha e incluso gigante. El cosquilleo y el revoloteo de sentimientos lo provocó su predecesora, “Mariposa”, que navegó hasta las profundidades del piano para ofrecer nuevos sonidos al público madrileño. Un vuelo delicado y elegante que, incluso horas después del festín, sigue estando en nuestra memoria.

Pablo tiene ese poder de hacerte sentir especial y afortunado en cada encuentro musical que tienes con él. Ayer, el Wizink Center fue testigo de una canción “a punto de nacer”: “Tempo”. Un baile lento que se convierte en abrazo; logró fundirse con nuestros corazones. Él siempre logra parar el reloj.

“De Madrid al cielo”, una frase que puede definir la historia del malagueño, que con gran esfuerzo ha ido conquistando muchos rincones de la capital hasta llegar al emblemático Palacio de los Deportes. Dice mucho de él que se acuerde siempre de sus orígenes, y para fans como yo que le han visto recorrerse salas, ni os cuento lo que esto significa. Sus ojos mirando al público fueron cristalinos, llenos de emoción y gratitud además de mostrar que quedan muchas historias por salir de su voz y su piano. “Pongamos que hablo de Madrid” de Joaquín Sabina, no se quiso perder la noche.

Otra de las canciones presentes, fue “La mejor noche de mi vida”. Establezco un paralelismo con la sensación presente al salir siempre de sus espectáculos, pues pienso que el título de esta canción se ha hecho realidad una noche más.

Tras la locura de cantar parte de “Vi” en inglés llegó el turno de peticiones del público, de donde salió “Te espero aquí” y una bella versión de “La quiero a morir”.

Pese a que me hubiese encantado que la noche hubiese sido inmortal, llegó el final. El cantante con mascarilla visitó las gradas de punta a punta del estadio para regalar “Lo saben mis zapatos” al desnudo. Un regalo para todos los que nos congregábamos en estas zonas. Y, sobre todo, un momento que el Wizink va a tardar en olvidar.

La noche terminó en el pico de emoción con “KLPSO”, como no podría ser de otra manera.

Gracias Pablo, por crear música valiente y por hacernos creer que no existen límites. Tú ayer con tan solo un piano, creaste un universo. Un placer asistir a una lluvia de sentimientos tan bella.

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