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Por qué la obsesión con Fleabag no termina | Opinión desde el corazón

PorNaza Milán

Dic 14, 2020

Sabes que una serie te ha marcado cuando, aunque haya pasado un año desde su final, sigues recordándola como el primer día. El caso de Fleabag es ese, a punto de llegar a la Navidad de este 2020 para el olvido, mi cabeza sigue en la cafetería desde la que me vi Fleabag por primera vez. Y qué bonito era todo.

Imposible no amar a los personajes

En pocas series conectas con todos los personajes, desde el principal hasta el útlimo de los secundarios, pero es que Fleabag es una de ellas. La magia del guión de Phoebe Waller-Bridge ayuda mucho en esto, pues la creadora sabe poner un poco de su magia en cada uno de los personajes. La forma de traspasar la cuarta pared de Fleabag es, sin duda, una de las mejores de la pantalla. A veces no sabes si estás viendo ficción o hablando con una amiga y, ahí, es donde consigues el amor del espectador.

El amor en todas sus facetas

Porque Fleabag no es una historia de amor…como tal. Fleabag no es la típica de historia que Hollywood nos vende cada día de “chica divertida y carismática no consigue encontrar el amor, pero eso es porque no se había empezado a rodar la película aún”. No, la magia en el amor de Fleabag está en que la historia se va creando a medida que pasan los capítulos, por lo que no tiene más sinopsis que seguir más allá de “¿qué le pasará ahora a esta muchacha?”. Fleabag es nuestra amiga que nos enseñará a amar no solo a su personaje, a la amiga que acabamos de conocer, sino también a los que nos rodean día a día.

El sentimiento de estar en familia

Fleabag comenzó como un monólogo de Phoebe Waller-Bridge que terminó convirtiéndose en una serie que ya forma parte de muchas familias. El sentimiento de confort al verla no es el mismo que con otras series. Cuando recuerdo escenas, me es imposible separarlas del sentimiento que me produjeron la primera vez que la ví. Fleabag no es una serie que ver por aburrimiento, o de estas que te haces un maratón para reir sin más. Fleabag llega a la vida de alguien cuando más la necesita, porque es como un abrazo en un momento necesitado. Cuando disfrutas de la vida de Fleabag estás escuchando a una amiga que te habla, sentada en una terrazita y riendo por sus historias. Y llorando. Y, sencillamente, disfrutando.

Los personajes empatizan contigo

Y no al revés. De hecho, eres tú quién está en el mundo de Fleabag. Tú estás viviendo su historia, con sus personajes tan reales que podrían ser la caricatura de cualquiera, desde Fleabag hasta el cura. Y, a veces, es esta empatización la que tanto nos hace sufrir. Son historias reales, que aunque se lleven al extremo de lo cómico, cambiando los pequeños detalles podría pasarle a cualquiera. Y Boo. Boo no es una persona, Boo es parte de la historia y un sentimiento que se halla en nosotras.

No creo que nunca pueda superar esta serie, pues según escribo sobre ella siento la necesidad de volver a verla (por necesidad, y no por vicio) y de añadir mil comentarios que realmente soy incapaz de expresar con palabras. ¿Queréis una buena crítica de Fleabag? Hacedla vosotros. Mirad la serie. Disfrutad de ella. Y, lo que os diga vuestro corazón, será la mejor crítica que podáis tener.

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