Reflexiones de una fan: Rozalén.

¿No os ha pasado, que ese artista con el que lleváis una vida entera, llegó a vuestra vida de la forma más casual? Seguro que aquel momento lo tenéis grabado a fuego en la mente.

Pues sí, así empezó mi historia junto a Rozalén. Era una tarde calurosa de agosto, mis amigos y yo nos encontrábamos en medio de un pueblo perdido de Toledo. De pronto sonó “Justo” y ¡Boom!, flechazo, ya no habría forma de quitarme la música de Rozalén del alma.

Más tarde, en uno de mis habituales paseos entre los pasillos de una conocida tienda de discos y dispuesta a pecar, llevándome a casa un nuevo disco, apareció ella de nuevo, siempre en el momento oportuno. De esta forma, “Cuando el río suena…” llegó a la estantería de mi habitación.

Este es un disco especial, una de las maravillas recientes más fascinantes del pop español actual. Hay que dejarse envolver por esas canciones que forman parte de la historia de su familia. ¿Acaso podemos encontrar algo parecido? Ni mucho menos, ella es única, un regalo de la vida.

¿Cuántas veces habéis soñado con tomar un café con vuestro artista enfrente, y hablar durante horas sin ninguna prisa sobre esas canciones que acompañan vuestro camino? Pues ese sería mi resumen de  “Cerrando puntos suspensivos…”, el libro de la artista publicado el pasado invierno. Saber el cuando y el por que de los versos que salen de las cuerdas vocales de Rozalén. Inspirador, invita a soñar, pese a que el camino no es fácil.

Cuando me engancho a una artista que está en la plenitud de su carrera, conlleva una nueva misión en mi vida: hacerme con todos sus discos. Surcando entre canción y canción, descubrí “Somos”. Todos tenemos un tema que parece escrito para nosotros y para mí, sin duda alguna es este.

Hace escasos meses, empecé con este proyecto de crear una página web para hablar de música. Recibir el feedback de la propia Rozalén es todo un sueño, y un factor determinante para seguir adelante. Me gustan los artistas con valores y que no pierden ojo de sus fans.

De pronto llega ese momento de conexión máxima, ese día en el que te das cuenta que Rozalén ha llegado a lo más profundo de ti. 14 de junio, Winzik Center con un lleno absoluto. Tres horas de espectáculo en la que me hubiese gustado que se parase el tiempo. Días después, sigo saboreándolo.

 

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