Stranger Things 3: Esta vez sí

Creo que me he ganado una pequeña fama por criticona, y es cierto: Soy muy de sacarle pegas a todo y la temporada 2 de Stranger Things fue más mal que bien para mi. Sin embargo, esta tercera temporada me ha vuelto a ilusionar. Menos, quizás, por el final. Pero bueno, hoy no es día de críticas.

Lo cierto es que si algo enamora de Stranger Things más que su ambientación son los personajes. Y, estoy segura, de que cada uno tiene su grupo favorito. En esta nueva temporada, lo que más agradezco, es que hemos podido conocer más a cada grupo y, sin duda, la magia ha vuelto a la serie. Los pequeños actores cada vez van siendo más mayores y con mayor calidad, lo cual suma diversión y cariño a la serie. “Duztin”, Steve, Erica y la nueva Robin se han convertido en mi ojito derecho mientras que Hopper y Joyce provocan en mi un “POR FAVOR, QUIERANSE” que llevo sin sentir desde la adolescencia.

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Aunque el argumento me ha llegado a confundir en varias ocasiones, intentando buscarle un sentido más coherente (e intentando ignorar el tópico de que toda serie ambientada en los ochenta tenga que forzar que aparezca el malvado soviético), es cierto que se ha finalizado de una manera que, a mi parecer, hubiese sido la mejor. Y digo hubiese porque, el saber que va a haber otra temporada no me inspira confianza. Esta tercera temporada ha sido buena, sí, ha tenido un buen control y se ha sostenido por sus personajes pero…¿Por qué alargarlo? Es un final triste, sí, pero realista. Lo único bueno es que, por fin, se querrán los tortolitos (más les vale).

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Lo espero para la próxima temporada es: más de la AMISTAD entre Robin y Steve, más Once poderosa pero tierna con Max, más amor entre cuarentones y menos argumentos con pinzas.

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