Un huracán llamado Melendi puso en pie a Illescas

¿Acaso puede existir una mejor forma de empezar septiembre que repasando las canciones de uno de mis artistas favoritos? Melendi anoche, en Illescas, nos regaló dos horas de canciones que ya soy leyenda en la que nos quedamos afónicos más de uno, y que nos ayudó a resolver nuestro particular “Cubo de Rubick”.

En los conciertos de Melendi se respira un ambiente muy diferente a los del resto de mortales, caracterizado por la garra y las ganas de celebrar vida. Una vez más, nada más dar el pistoletazo de salida todo el público ya estaba en pie. El artista, con Canción de amor caducada y Tu de Elvis yo de Marilyn nos demostró que iba a dar todo de él durante el concierto, nosotros a cambio pusimos todas nuestras energías intentando saltar hasta tocar la luna.

Como cada noche de concierto, al asturiano le gusta que sus seguidores salgan sabiendo un poco más de él. El cantante nos relató una divertida anécdota que ocasionó que el quisiera ser artista. Melendi tiene un carisma muy especial, pues cuando tiene el micrófono entre las manos es imposible dejar de prestarle atención ya sea para cantar o para hablar. Como toda buena presentación, De pequeño fue el coco fue coreada por todos.

Melendi regala felicidad a todos sus “guerreros”, sus shows son un conjunto perfecto de todos sus himnos, juntando a varias generaciones debajo del escenario, pues, somos muchos los que hemos crecido escuchándolo. Temas como Un violinista en tu tejado convive con los últimos en llegar como Besos a la lona, aunque su último single, Dímelo fue la gran ausente de la noche.

Si algo me gusta de él es la gran profundidad que tienen muchas de sus canciones, además que el artista puede abarcar una gran variedad de estilos. Uno de los momentos más emocionantes de la noche fue Como el agua y el aceite, tras la cual ni él mismo pudo aguantar las lágrimas. Tras recitarnos en verso el final de la canción, fue difícil recomponerse del momento.

Sus canciones son lucha, son reivindicativas, un grito de libertad, y si hay una canción que reúne todos esos requisitos es Déjala que baile, el bello de punta escuchar a las tres mil personas reunidas unir sus voces en tal himno feminista.

Después de que todos los espectadores reclamásemos otra canción más coreando su nombre, el artista reapareció de nuevo sobre las tablas para ponerme las lágrimas en los ojos. La culpable fue “Cenizas en la eternidad”, creo que jamás existirá una canción que refleje el amor de fan como esta. Un mar de luces se encendió para recordar que los recuerdos junto a él serán eternos.

A pesar de que las dos horas parecieron convertirse en segundos, llegó el momento de la despedida, en La promesa nos comprometimos a envejecer junto a él y en Lágrimas desordenadas, tal y como empezamos, me dejé lo poco que quedaban de mis pobres pies.

Melendi no tendrá la mejor voz del mundo, pero tiene un espectáculo que tras finalizar te deja subido en una nube, con una sonrisa en la cara, y con muchas ganas de volver a ir a un concierto suyo. Un espectáculo de luces que aumenta la epicidad, y un ambiente muy familiar con sus músicos son parte de los condimentos que hacen uno de los espectáculos más perfectos que existen en nuestro panorama musical. Nos vemos en la carretera Melendi…

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