Volver a rozar la gloria

A veces uso este blog para desahogarme en el más buen sentido de la palabra, soltar todo lo que se me pasa por esta desordenada cabeza y plasmarlo en palabras. Pues siempre se me ha dado mejor escribir lo que me hace sentir que hablarlo.

Yo siempre fui del Valencia, no tengo recuerdos de ver fútbol sin que mi corazón tuviese dos colores claros, el blanco y el negro. Sentimiento inexplicable, pues aparentemente no me une nada con la tierra del Turia, pues soy madrileña. Pero el equipo de mi vida ha hecho que Valencia sea una prolongación más de mi tierra.

Nunca vi a este equipo levantar un título, siempre me vi atraída por la lucha constante que esto conllevaba. Años de sufrimiento, de enfadarme con el televisor, de gritarle como si alguien me fuese a escuchar. Soñé tantísimas veces con ver jugar a mi equipo en una final…

Y de pronto todo llega, te muerdes las uñas, piensas que ya está más cerca que nunca, pero intentas hacerte a la idea si eso no llega a ocurrir la vida sigue, pero no, tú crees como nadie, y sí te haces ilusiones, muchas ilusiones.

Tras un 2-0 puedes llegar a pensar que ya está todo perdido, pero si algo me enamora de este club es que nunca sabes como terminan los partidos. Con la epicidad de una lucha de titanes.

El jueves pasado no fue un día cualquiera, fue de esos días que seguro contaré a mis nietos, grité, solté todo lo que llevaba dentro y estoy segura que se enteró hasta el último vecino de mi bloque. No sabéis lo que fue sacar al día siguiente la camiseta del Valencia a la calle, pues aquí nadie me entiende.

Ahora solo queda impulsar a nuestros jugadores, soñar muy muy alto, pues somos el Valencia club de fútbol, podemos hacer cualquier cosa ¿o no?.

 

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