• diciembre 3, 2020 8:13 pm

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

(Crítica) “Madres, amor y vida”: Más errores que aciertos.

Hoy os traigo una nueva crítica de una serie. En este caso, vengo a hablar de “Madres, amor y vida”, producida por Telecinco y que podemos visionar en la canal de pago Amazon Prime Video.

La serie, consta de 13 capítulos de más de una hora, convirtiéndose en largos y pesados ya que no se sabe aprovechar bien la duración de estos, alargando la trama de forma excesiva.

Si nos vamos al contenido, no es muy difícil descifrar cual es el patrón de la serie. Un conjunto de madres, se encuentran en el hospital donde están ingresados sus hijos. Podemos catalogarlas como un prototipo de mujer excesivamente tradicional, controladora hasta límites insospechados con sus hijos además de vapuleadas por sus por sus maridos y por sus primogénitos, que no saben valorar en ningún momento su dedicación. En resumen, se cae en un tópico que parece ser de otra época.

Por otro lado, como ya os habréis podido imaginar cuando he pronunciado la palabra “hospital”, tiene un toque emotivo, pues nos muestra de cerca y sin filtro, por ejemplo, como se comporta una niña con problemas alimenticios. Esta es interpretada a la perfección por Carla Díaz. Pero, como si se tratase de una película de sobremesa navideña americana, la emotividad lleva al surrealismo. Este es el caso de Eloy (Guillermo Campra), con un tumor cerebral terminal, cuya madre enseña de manera excesivamente egoísta, a una de las menores del hospital a conducir con tal de que su hijo cumpla su sueño de ver el mar antes de morir.

El Hospital de los Arcos, (perdonadme el paralelismo bíblico), es lo más parecido a Sodoma y Gomorra, con varios delitos por capítulos, “limpiados” de aquella manera por “un no pasa nada” y el eterno “pobrecito”. Este es el ejemplo de uno de sus celadores, que, a pesar de encontrarse bajo un tercer grado, trafica con medicamentos para vendérselos a los pacientes. Este mantiene una relación sentimental con una de las médicas, que, como si el código ético fuese algo de poca monta para su profesión, decide callar.

Otro de esos delitos que más me ha rechinado y me ha enfadado durante el visionado de la serie fue el de la violación de una paciente con cáncer, Duna (Claudia Caneda). Esta, ante la incertidumbre, culpa a uno de los pacientes aledaño a su habitación, que finalmente resulta inocente. En vez de centrarse en la pena y las cicatrices que se quedarán para siempre en la niña, la serie, da la vuelta a la tortilla, pareciendo que la víctima del caso sea el sospechoso. Nadie la cree a ella, haciéndola pasar por loca. Considero que, a estas alturas de siglo, las series deberían de haber aprendido ya a tratar con algo tan delicado.

La serie, no da una imagen muy buena del género masculino. Estos, se despreocupan por completo de sus hijos, pensando de forma egoísta y que sus respectivas esposas están para servirles siempre que les apetezca, a pesar de que la figura de la amante está presente. Como no, tenía que añadir en este párrafo, una comparación que sale de boca de uno de ellos, comparando una moto con una mujer. Juzguen ustedes mismos.

Para finalizar, y de modo bastante quisquilloso, tengo que citar a Andy (Joel Bosqued), que tras varios meses en coma tiene dificultades para andar. Este personaje, recurriendo de nuevo a la Biblia, sería la envidia de Lázaro. Pues tan pronto necesita una muleta para andar o tiene cojera, como que anda sin ningún tipo de problema.

Veremos cómo afrontan la segunda temporada, pero en mi opinión, es innecesaria.

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