Rozalén : noche de reivindicaciones, emociones y sonrisas.

No hace ni un año que me enganché a Rozalén. Aún a día de hoy, sigo fascinada que en tan poco tiempo, esa cantante que sonaba de fondo en una reunión de amigos se ha convertido en uno de los grandes pilares de mi vida musical. Rozalén, es una musa, un regalo de la vida, que el destino me ha puesto en el camino.

La noche comenzó con Ismael Romero como telonero del concierto. El artista presentó las canciones de su último álbum “Cara a cara”, consiguiendo la complicidad del público que tarareó los estribillos de sus canciones, además de encender el Winzik Center para él.

De forma más que puntual comenzó el espectáculo. Presentada por los versos de Mario Benedetti apareció ella. La noche de grandes versos, arte y magia estaba servida.

Nada más empezar, nos invitó a disfrutar con su canción “Vivir”, y vaya si vivimos. No fuimos conscientes de que estábamos en la noche idónea para convertirse en uno de los grandes conciertos de nuestras vidas, momentos para emocionarnos y para bailar. Un cómputo perfecto de emociones, precisamente esa es la palabra para describir la noche, perfección.

Una emocionada Rozalén, nos hizo sentirnos como en casa. Nos contó las grandes historias de su familia, que han identificado a tantísimas personas. Gritos de protesta que arrancaron el aplauso de las 12.000 personas que llenaron el Palacio de los Deportes madrileño. Uno de los momentos más emocionantes de la noche fue cuando llegó “Justo”, el desaparecido de su familia durante la guerra civil. Una canción épica acompañada por la protesta del derecho de las familias a poder llevar a sus seres queridos flores.

Una noche redonda, pues era un día especial para su otra mitad, la intérprete de lengua de signos,Beatriz, pues era el día mundial de la lengua de signos española. Maravillada aún por la forma de complementarse encima del escenario, el espectáculo no sería el mismo sin ella. Chapó por Rozalén, pues no todos los artistas acercan su música a todos los públicos.

La artista consiguió poner patas arriba el Winzik Center, haciéndonos bailar a todos los asistentes al son de “Las hadas existen”. Una imagen que quedará en la retina de todos y cada uno de nosotros.

La noche nos dejó también versiones de grandes éxitos como “Peces de Ciudad” de Joaquín Sabina o una de las mejores versiones que escucharé jamás de “La Llorona”. Únicamente a guitarra y voz, nos dejó a todos con la mandíbula completamente desencajada.

La albaceteña no estuvo ni mucho menos sola, pudimos disfrutar por primera vez del directo de “Baile” acompañada de David Otero. También compartió escenario junto a Mr. Kilombo, que nos permitió descubrir al cantante además de llevarse la ovación de los que ya le conocían. Estoy segura de que tendrá un hueco en mi lista de reproducción.

Pero los dúos no quedaron ahí ni mucho menos. La noche tuvo una invitada de lujo, su madre. Que nos demostró que su arte viene de familia con una versión del más que conocido “Pena, penita, pena” . Imposible no emocionarse ante uno de los momentos más tiernos de la noche.

Tras dos horas de concierto a modo de traca final vinieron los grandes himnos de Rozalén. El público coreó “Comiéndote a besos” y de nuevo el Winzik dejó ver toda su magia, encendiendo el mar de estrellas de las luces de los móviles para acompañar a una de las canciones más bellas del repertorio “Vuelves”.

Uno de los momentos más especiales llegó con “Saltan chispas”, pues la artista no dudó ni un momento en introducirse entre los presentes. Es un ser de luz que se desvive por sus fans.

La artista no se olvidó de revindicar la causa feminista, dando importancia al derecho de la libertad de expresión encima de los escenarios, y dedicando “La puerta violeta” a todas las mujeres presentes.

Aunque nos hubiese encantado retener el tiempo, llegó el momento de la despedidas de la mejor forma posible, con “Girasoles” todo un canto a la gente buena.

Una noche de complicidad tanto con las personas que se encuentran encima del escenario como en su público. Reivindicaciones necesarias que ojalá logren cambiar el mundo en algún momento. Y sobretodo esas ganas de pasárnoslo bien, que logró despertar ese halo de magia que existe en el Winzik Center. Casi tres horas de espectáculo, muy completo y de la voz de Rozalén, pues… ¿Qué decir? Sumamente bestial…

Tengo una sonrisa en la cara que no se me va a borrar en mucho tiempo. Mi cerebro ha archivado el concierto de anoche en la sección de noches épicas y dignas de recordar una y otra vez. Salí con un sabor de boca diferente al resto de los conciertos, los conciertos de Rozalén no se pueden explicar con palabras. Si tenéis la oportunidad de ir, no lo dudéis.

¡Gracias Rozalén!

 

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